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4x06-Para que nada nos separe, que nada nos una
Driu saboreaba el humo dentro de su boca rogando que le durase horas. Si exhalaba aquel humo significaría que había llegado a su fin. Su porro se había agotado. Sentía la hierba entremeterse en su pelo, con lo presumido que era, extrañamente le daba igual. La luz del sol de una mañana primaveral golpeaba en su tez pálida. Tampoco le molestaba. Realmente disfrutaba de aquel momento. Estaba pensando, desde hacía rato, la razón que le había llevado allí. Como había llegado allí cuando tenía una imagen borrosa de la noche anterior donde recordaba cayendo al suelo casi inconciente. Da igual, se sentía bien. Era mejor no darle importancia. Hasta que alguien le interrumpió. -Buen día que has escogido para no trabajar. Se lanzó a su lado revolcándose en la hierba. -¿Qué? -Toma esto. Era Dan. Le lanzó unos panfletos donde parecía anunciar una gran fiesta. Él lo alzó y empezó a leer desinteresadamente. -¿Pruitt? Preguntó. -Organiza una fiesta. Dan se lamió los labios. -Pruitt siempre organiza fiestas. ¿Desde cuando no vamos a una de estas? -La semana pasada, lo sé, eso de acabar desnudos y dando tumbos por ahí no te ilusiona demasiado pero pienso pillar. -Esa es la razón que nos hace acabar desnudos y dando tumbos precisamente. Driu parecía confuso. Todo aquello le resultaba tan familiar. Apostaría lo que fuese a que ya había ocurrido. -Como si no disfrutases, mamón. -Es jueves-Otra vez. Aquello ya había ocurrido. Intentaba recordar y le resultaba tan familiar-¿Qué pasó anoche? -No lo sé, no estuve contigo. -Que raro. -¿Qué es raro? -Nada, olvídalo-Dan le miró confuso-¡Venga ya! Cuenta conmigo esta noche. -¡Guay! Cuando volvió a casa, dándole vueltas al asunto en su cabeza por el camino, fue directo a hablar con su hermano. Aunque se distrajo en el espejo de la entrada por unos minutos. -Pero que coño… Se acarició su piel. Se veía tan guapo. Fue lo primero que se le pasó en la cabeza. Aunque era habitual que se adulase a si mismo. Casi parecía incluso gemir al mirarse en el espejo. -Te has superado-Dijo Norb que bajaba por las escaleras-Estás sintiendo placer mirándote al espejo. -Soy jodidamente guapo-Dijo señalando al espejo-En este momento me follaría a mi mismo. -Pues claro. Soltó Norb dando un salto en el último escalón con un tono sarcástico. -¡Oye! ¿Dónde estuve anoche? Su hermano caminó para el salón y este le siguió. -Aquí. -¿No salí? -No. Norb se lanzó al sofá y encendió la televisión. -Espero que lo de fumar no me esté perjudicando. -¿Por qué lo dices? -Tengo la extraña sensación de que salí. Recuerdo una gran fiesta donde estábamos todos. Y luego me desmayé. -Llegaste de trabajar y te encerraste en tu habitación. -¿No salí ni siquiera un rato? -No. -Bien-Reaccionó ignorando el asunto-esta noche saldré. -¿Un jueves? -Sí. Corrió hasta las escaleras pero su hermano le detuvo con otra pregunta. -¿No trabajas mañana? -Claro. Sonrió y subió hasta su habitación. A lo largo del día, sus recuerdos se fueron esfumando, abandonó por completo aquellas lagunas que parecía tener en su cabeza. Ahora solo parecía importarle aquel presente. Nada más caer la noche, Driu recogió a su amigo que vivía a unas casas más allá en su misma calle y se dirigieron hasta la fiesta. Ambos preparados para disfrutar de una noche que no olvidarían. Dan lo dijo durante todo el camino. Sentía algo, tenía un presentimiento de que algo grande iba a ocurrir aquella noche. Estaba feliz por ello. Fueron bien recibidos nada más llegar. Pruitt adoraba la pareja amistosa que hacían Driu y Dan. Siempre decía que era como una balanza bien equilibrada. Y ahora tocaba lo bueno. Lo especial. Estaba preparado sobre aquella mesa. Tres finas líneas de una sustancia blanca. Una para cada uno de los tres asistentes. Su fosa nasal lo absorbió con tal facilidad que apenas la sintió recorrer hasta su cerebro. Driu ya estaba preparado, se lanzó a la fiesta. -¡Cuidado, si, paso, gracias!-iba diciendo apartando a todo el mundo de su camino-Estoy deseando meterle la polla a cualquiera de estos. Aquella parte fue murmurada a su amigo Dan que le acompañaba. -Déjate de pollas. Rió. -Tengo mis pelotas cargadas. Señaló estrujándose sus genitales. -Me tienes que llevar, apestarás luego. -No lo haré, lo juro. En ese momento se tropezó con una chica. De mediana estatura. -¡Driu! Dijo la chica con su dulce voz. Se trataba de Emily. -¡La encantadora Emily! ¿Qué haces aquí? -Lo mismo que tú, supongo. Ella se abrazó a él mientras otra persona se acerba a ellos. -Hola. Era Wemby. Llevaba un vaso de bebida y se acercó con cierta timidez. -¡El violador!-Gritó Dan-¿Ya has salido de la cárcel? -No he estado en la cárcel. Aquello pareció molestar tanto a Wemby. -Pues deberías, sinceramente, la violación es delito. -Esta broma está llegando demasiado lejos. Dijo ofendido Wemby. -¿Broma? Carcajeó Driu mirando a su amigo Dan quien parecía acompañarle con las risas. -Vuelve a hacerle a mi amigo algo así, y te rompo la otra pierna. Dan cogió a Emily del brazo a la vez que esta reía y la pegó a su pecho. -Dan… Rió tímidamente. -Si esta noche no encuentro una presa, prepara tu vagina por que pienso terminar la fiesta dentro de ella. Guiñó. -Gilipollas. Su tono no pareció ser agresivo. Tampoco con intención ofensiva. Quizás por su dulce voz. -Estaré por ahí, te veo luego tio. Dan se perdió en la multitud mientras dejaba a aquel trío disfrutar del ambiente fiestero. -¿Cómo es que te ha invitado Pruitt? Preguntó Driu. -La verdad es que… -No te hablaba a ti-Interrumpió Driu cambiando su mirada hacia su amiga-me dirigía a Emily. Ella rió mirando a su amigo. -La hermana de Pruitt va a clase con Wemby, ella nos invitó. -Ya veo-Dijo débilmente-y no me interesa. Lo pregunté por hacer tiempo. Me voy. -¿A dónde? -A meter mi polla en alguno de esos sucios anos-Miró a Wemby, clavó su mirada en él y le golpeó con su dedo en el pecho-Y aparta tu sucia mirada de mi culo, pervertido. No volveré a ser tu puta. -¿Por qué tengo que aguantar esto? Wemby le golpeó flacamente en la mano y se fue ofendido. -Driu, ¿Por qué siempre haces eso? -Me gusta. Sus movimientos faciales eran incontrolables. Su sonrisa se extendía de lado a lado en su cara. Al cabo del rato, y después de estar un breve tiempo dando tumbos en toda aquella casa, decidió abandonarla. Dan insistía e insistía de que algo ahí fuera, esa noche, le estaba esperando. Seducido por aquellas palabras de su amigo, “algo grande”, Driu cedió a abandonar la fiesta con él con la condición de que fuese lo que fuese, tenía que ser mejor que aquello. Cosa que resultaría difícil por que estaba marcando aquella noche como una de las mejores de toda su vida. Se subieron al coche y salieron de allí. -¿Vas bien? Preguntó Dan. -Sí, ¿Por qué no? -Te has metido dos rayas. Levantó la mano mostrando dos dedos bien separados. -Las mismas que tú. Driu no controlaba sus manos. Se deslizaban por el volante y aunque apretaba sus manos, parecían sentirla adormecidas. Sin fuerza. -Vale, pensándolo mejor, creo que deberías conducir tú. -¿Estás seguro? -Sí, me siento raro. -Vale. Driu frenó. En medio de una calzada solitaria. Parecía tarde, muy tarde. Se bajaron del coche e intercambiaron los papeles en el coche. Ahora era Dan quien conducía. -¿Dónde vamos a ir? Preguntó Driu. -Necesito una señal. -¿Una señal? -Sí. Dan pisó el acelerador con fuerza y las llantas del vehículo chirriaron sobre el asfalto antes de salir disparado por aquella calle. -Te vas a meter en dirección prohibida. Señaló Driu. No paraba de sonreír y no era por que le apeteciese en ese momento sino por que no podía controlar el movimiento de su boca. -A estas horas no circula ni un coche por aquí. A Dan le ocurría lo mismo. Pero ambos parecían sentirse bien. -Ojala se parase el tiempo. Me gusta como me siento. -Y a mí. Dan se centró más en las palabras de su amigo que en la conducción. El volante pareció manejar el coche de manera automática. Driu gritó, a voces, que se centrase en la carretera pero no le hizo caso. Alguien cruzaba en aquel momento por medio de la calzada. Pareció quedar cegada por las luces del vehículo y antes de que se le echase encima aquel pesado coche, Driu sujetó el volante y lo giró con brusquedad a su derecha. Este se alzó por encima de la acera, penetró en el jardín de una de las casas de la avenida rompiendo completamente el vallado que lo protegía y se estampó contra un árbol. Todo se volvió negro en su cabeza. Ni siquiera pareció sentir el impacto en su cuerpo. Cuando abrió los ojos, estaba recostado, respiraba lento y acompasadamente. Permanecía inmóvil, aletargado. Pensó en moverse pero no quería desperdiciar en vano las pocas fuerzas que tenía. Estaba rodeado de movimiento, la gente pasaba con rapidez por su lado y alguien hablaba. Intentaba reconocer la voz. -¿Norb? Preguntó tocándose la cara. -Norb no está, no te preocupes tio. No me voy a separar de ti. Era Dan, le tenía sujeta su mano izquierda y corría al lado suya junto a una camilla donde él iba tumbado. Un largo pasillo, solo foco tras foco de luz, es lo que veía pasar ante sus ojos. Presintió que estaba en un hospital. -Siento lo del coche. -¿Qué coche? Entraron en una sala donde un hombre con una larga bata le exigió que saliese de allí nada más hacerle la pregunta. -¿Es familiar? -Soy su amigo. Contestó Dan. -¡Tiene que salir ahora! Prácticamente lo echó a empujones de aquella sala mientras observaba como varios médicos rodeaba la camilla donde estaba su amigo antes de que las puertas se le cerrasen frente a él. Para que Driu tuviese conocimiento de lo ocurrido tendrían que pasar dos semanas. Fue entonces cuando recuperó la consciencia. Tiempo que ni siquiera había notado que había pasado. Tenía unas gomas metidas por su nariz administrándole oxigeno cuando abrió los ojos. Se levantó con tanta energía que se las quitó sintiendo la necesidad de respirar por si mismo. Estaba rodeado de aparatos que emitían sonidos. Tenía cables pegados a por su cuerpo y sus brazos estaban ocupados con gomas inyectadas, algo que no le hacía sentir nada cómodo. A su lado estaba su hermano, el cual respondió con un sobresalto al verlo reaccionar de aquella manera. -¡Hey, hey! Vaya despertar. Dijo Norb sorprendido. -¿Dónde estoy? Preguntó su hermano confuso. -Relájate, estás en el hospital. Tranquilizó. -¿Cuánto…cuánto…? Parecía no poder terminar aquella pregunta. Le costaba hablar, se sentía pesado y cansado. -¿Cuánto tiempo llevas aquí? -Ahá. -Un par de semanas, casi. Quedaste inconsciente después de la operación. -¿Qué operación? -La que tuvieron que hacerte en la cabeza. Señaló Norb. -¡Oh dios!-Empezó a tocarse la cabeza intentando sentir su pelo entre sus dedos-¿Estoy calvo? -Solo te cortaron un poco. Aunque me alegra verte preocuparte por tu pelo. Sonrió su hermano. -¿Cómo está Dan? -¿Dan? Bien, en casa, ha estado visitándote todos estos días. -Y mi coche…-Lamentó cubriéndose la cara-Quedaría hecho una ruina. -¿Tu coche? No, fui a recogerlo a la mañana siguiente. -¿Está bien?-Preguntó extrañado-Por que recuerdo que fue directo al árbol. Señaló haciendo una imitación chocando con sus manos. -¿De que hablas? El coche estaba en la misma calle de la discoteca, donde te desmayaste. -¿Eh? Ahora si que estaba confuso. Parecían muy claros los últimos recuerdos que se batían en su cabeza. -Sufriste una hemorragia subaracnoidea, tenias un aneurisma y esta se rompió. -Que raro me resulta todo. Tengo otro tipo de imágenes en mi cabeza. Pensaba que había ocurrido de otra manera. No lo recuerdo como dices. -Es normal que no recuerdes mucho de aquella noche. El médico lo mencionó. -¿Y como se supone que estoy ahora? ¿Estoy curado? -Los médicos dicen que tienes un par de aneurismas más en otros vasos sanguíneos. Tienen que operarte para quitarlo sino lo hacen podría ocurrirte lo mismo. -¿Operarme de nuevo? -Los médicos son positivos. -Me alegro por ellos. Bufó. Norb se levantó para desperezarse y algo le llamó la atención a su hermano. Es posible que aun estuviese un poco grogui pero creyó ver un arma. -Norb, ¿Llevas un arma debajo de la chaqueta? Preguntó señalándole al pantalón. Norb miró hacia la puerta y asegurándose de que nadie entraría, cogió el arma entre sus manos. -Es la que Adolf-Murmuró haciendo girar el cargador-la que se dejó en casa aquella vez. La guardé. -Pensé que la razón por la que no la entregamos a la poli fue por que la ibas a tirar a un río. -Imaginé que podía ser útil alguna vez. -¿Y para que mierda llevas un arma en un hospital? -Verás, han ocurrido cosas durante estos días ¿Sabes?-Norb se volvió a sentar junto a su hermano-En especial la noche en que te desmayaste. Aquella noche, justo cuando cruzaba la calle, alguien intentó atropellarme. -¿Qué? -Sí, tal y como suena. Aunque lamentablemente atropellaron a mi amigo Jude. Tuve tiempo para reaccionar y apartarme pero a él aquel coche lo arrolló. -¿Y sabes quien fue? -Nach. Lo dijo con tranquilidad. -¿Nach? ¿Hablas del mismo Nach…? -Si, Driu. Nach. Estoy seguro de que fue él-Norb parecía explicar todo aquello de manera tranquila, sin agobiarse-No me siento seguro, creo que ha perdido la cabeza. Ahora Jude está en cuidados intensivos. -¿Has ido a la policía? -No, quiero averiguar por mi mismo que le llevó a hacer aquello. -Joder. Es como revivir todo lo de Adolf pero ahora en tu pellejo-Driu se incorporó en la cama, esponjó la almohada y se la pegó tras su cuello-¿Has sabido de él en estos días? -Absolutamente nada-Norb se sujetó el arma y la escondió más en su pantalón-Y hay más, Driu. -¿Más? Pues ponme al día. Parece que no puedo ausentarme un par de semanas. Rió ante aquello. Su hermano suspiró e intentó expresarlo de una manera delicada. Aunque fuese difícil encontrar esa forma. -Charlotte…cometió una locura la misma noche-El rostro de Driu ni se inmutó, tragó saliva y pareció animar a su hermano a continuar alzando la barbilla-En la cárcel. Está muerta. -Débil. Masculló Driu mirando hacia la ventana. -Pero no solo eso. Continuó Norb. -Pues deja de hacer pausas y continua, vamos. Me pones nervioso. -Dejó una carta escrita. En ella mencionó lo traicionada y dolida que se sentía. Aunque poco le ha interesado esa parte a la policía, más bien la parte que os menciona a Evan y a ti. A él lo culpa como asesino de ese chico. A ti como cómplice. Alguien que sabía en todo momento lo que hicieron. También dejó dicho que tú fuiste el verdadero causante del atropello de aquella mujer. -Será hija de puta… -Pero tranquilo. Calmó Norb. -Tengo que salir de aquí. Empezó a desconectarse de las maquinas que le rodeaban. Parches en su pecho pegados, gomas en sus brazos pinchadas y algo más que lo sujetó. -¡Joder! ¿Qué mierda tengo metido en la polla? Se quejó, pareció dolerle nada más tirarse de la cama. -Es una sonda urinaria, estate quieto. Norb lo sujetó y lo volvió a tirar sobre la cama. -No puedo quedarme aquí, Norb. -La policía ha estado un par de veces por aquí rondando. Necesitan una aclaración por tu parte. En ambos casos. -Estoy jodido…estoy jodido…esa zorra me ha manchado antes de irse. ¡Hija de puta! Gritó golpeando sobre la cama. -Tan solo niégalo, no veo nada complicado. Apoyó su hermano. -¿Dan continua con la condicional? -Sí. -Necesito hablar con él. -Está bien. Dos semanas, había transcurrido el tiempo suficiente para que aquella noticia fuese conocida por todo el mundo. De hecho, el periódico local parecía no hablar de otra cosa en sus principales páginas. Era algo a lo que todo el mundo le estaba prestando atención últimamente. -Mariam, por favor-Golpeaba Kathleen con el periódico sobre la puerta-necesito hablar de esto contigo. Sal de una vez. -¡Solo unos minutos! Rogó ella desde el interior. No paraba de andar en aquel amplio baño de un lado para otro. Parecía nerviosa. En especial, su mano. Agitaba algo, se abanicaba con ello de manera nerviosa. Era algo alargado, del grosor de dos bolígrafos. -¡¿Qué mierda estás haciendo?!-Kathleen volvió a golpear la puerta-Estoy nerviosa, y abrumada. Y creo que estoy manchando mis bragas. -¡Cálmate! Necesito un par de retoques más. Se detuvo ante el espejo, dejó lo que tenía en la mano posado sobre el lavabo y se observó pensativa. Luego volvió a mirar sobre el lavabo, al objeto que dejó sobre ello, era un test de embarazo. Resopló. Se lanzó su melena hacia atrás y volvió a andar de manera incontrolada de lado a lado en el baño. De nuevo se acercó al test. Se quedó durante unos minutos observando. -Mierda-Intentó no alzar demasiado el tono de voz, sabía que su prima aun estaba fuera. Se miró de perfil al espejo y se levantó la blusa verde que llevaba para acariciarse débilmente su estómago-Esto va a ser doloroso. Después, salió como si nada hubiese ocurrido en ese baño. Fingiendo haber arreglado su pelo, caminó por el lado de su prima. -¿Qué te has hecho? Te veo igual. Preguntó Kathleen extrañada. -Ya sabes como es mi pelo. Dijo ella con un aire presumido. -Estoy asustada por lo que pone en los periódicos. Explicó Kathleen mostrando el periódico pero su prima ni siquiera le dio importancia. Solo lo ojeó por lo alto y lo dejó en la mesa más cercana. -No hay nada que temer-Mariam se giró sobre sus talones y la miró-Dan está cumpliendo condena por ese delito desde hace años. ¿Qué van a hacer ahora? ¿Abrir el caso? -Le conté a esa china todo, que nosotros encubrimos el crimen. Si ahora se levanta todo… -No pasará nada, tranquilízate. Mariam caminó hasta un espejo junto a la entrada donde se dio los últimos retoques. Alzó sus pestañas delicadamente con su dedo meñique, repasó sus labios y resopló. Se acercó hasta un perchero donde cogió su bolso y su abrigo. -¿Es que vas a salir? Preguntó Kathleen. -Si, creo que vendrá bien tomar el aire. -Deja que te acompañe. -Kath, por favor-la detuvo antes de siguiese su primer paso-eres el motivo por el que necesito tomar el aire, me abrumas. Bebe un poco de ron destilado caribeño, te sentará genial. Nos vemos. No quería hacerle daño, era de verdad la mejor prima que podía tener y contarle aquello le haría daño. La destrozaría. Mariam sabía como mover sus fichas y pensó que era la mejor forma de hacerlo. Aunque también sabía que tarde o temprano aquello saldría a la luz. Estaba de acuerdo que prefería que fuese más tarde. A pesar de que llevaba escasamente un mes en la ciudad, a Mariam ya no le hacía falta ir acompañada de un chofer para moverse por ella. Conocía perfectamente los lugares por donde debía pasar y también aquellos que debía evitar. Tras la sorpresa que aquel test de embarazo le había ofrecido, Mariam había tomado decisión que bien ya había sido premeditada por el camino. Se citó con el responsable un jueves por la tarde en unos aparcamientos del centro comercial para hacerle saber la noticia. -Va a tener que ser rápido-Dan corrió hacia ella mientras se desabrochaba el cinturón-He quedado en ir a ver a Driu al hospital. -Espera, espera… ¿Qué haces? Detuvo Mariam asegurándose de que nadie les mirada alrededor. -Te tenía por una chica arriesgada-La besó en el cuello mientras le manoseaba la cintura-pero si prefieres algo más intimo. -No te he llamado para eso. Apartó Mariam. -¿No hemos quedado para echar un polvo? -No, quiero hablar. Es solo eso. -Pensé que nosotros habíamos conectado por el sexo, no por ser conversadores, ya sabes…mi polla-Posó su mano entre su entrepierna y ella rápidamente se alejó-tu coñito. -Me has preñado. -¿Eh?-Dan alejó su mano con repugnancia y la mantuvo en el aire-Eso es imposible. -Claro que es posible. Hace dos semanas… -Te habrá preñado otro. -No me he follado a otros desde que llegué a la ciudad. Dan se tiró de los pelos con rabia. Se lanzó hacia uno de los coches cercanos y le pateó la rueda un par de veces. -¡Mierda! Gritó. -“No quiero ponerme condón, haz una excepción, nena”-Imitó ella agravando su voz-Lo siento, tio. Eres un maquina. Primero mi prima, ahora yo… -¿Kathleen lo sabe? Preguntó. En realidad le importaba bastante poco si lo sabía o no, solo que no sabía como afrontar aquella repetida escena. -No, aunque no me preocupa ahora mismo eso. ¿Qué vamos a hacer? -¿Vamos? -Obviamente esto es algo de los dos. -Aborta. -¿Crees que voy a dejarme perforar el útero por que a ti se te antojó follar sin condón? -¿Piensas tenerlo? -He estado pensando-Mariam se apartó y se dirigió hasta su coche sobre el cual se apoyó-Podríamos irnos de la ciudad. Juntos. -¿De qué hablas? -Ya sabes, tengo dinero, y ambos sabemos que no tienes nada aquí fuera. -No tienes dinero, estás arruinada, se lo oí a tu prima la noche que nos presentaron contarlo a mi amigo. No tienes nada. -Está bien, pero quizás ese no fuera un problema. -¿Y por que querrías hacer eso? Solo hemos follado unas cuantas veces, pensé que aquí no había sentimientos implicados. -Me gustas-Admitió esperanzada de recibir una respuesta similar de él-podría hacerlo mejor que mi prima. -Esto…esto ya lo tenías planeado zorra chiflada-Señaló Dan con una risa exasperada-Eres igual que ella. ¡Como he podido caer! Mariam sonrió. Quizás él tuviese razón pero si así era, no lo iba a admitir. -Piénsalo-Se cruzó de brazos y lo miró esperando una respuesta. -No me vas a…. -¿A que Dan? ¿Arruinarte la vida? ¿Atarte? Vamos, sin nada aquí fuera ¿que esperas hacer? Soy tu seguro de vida. -¡Esto es demencial! Como he podido caer…todo ha sido… ¡Argh! Estaba reviviendo lo mismo de años atrás. Había sido tan estúpido que había cometido el mismo error por segunda vez. Pero sabía que dentro de él, ahora, algo le empujaba a analizar todas las opciones. -Venga ya, compórtate como un tío, deja de montar escenas dramáticas. La voz de Dan, su actitud y sus movimientos eran agresivos. -Aunque aceptase tu desproporcionada y controladora oferta, aun me quedan años por cumplir en la cárcel. -Esa parte déjamela a mí. Dan la observó y se pasó la mano por la cabeza soltando un resoplo que mostraba su agobio. -Tengo que irme. Dijo. -Vale. Piénsalo. Apuntó ella. ¿Estaba realmente dispuesto a aceptar aquello con todas sus consecuencias? No lo sabía. Le había pillado sin armas, sin defensa alguna y no le quedaba otra que meditar su insensato parecer. Pero para ello necesitaba una opinión más. No solo sus egoístas pensamientos, su amigo podría aclarar su duda. Driu estaba junto a la cama, de pie, cuando Dan entró por la puerta. -¿Qué haces? Preguntó Dan nada más entrar. Se ahorró incluso el saludo pues la escena que observó le llamó la atención. -Joder, me ha llevado media hora sacarme esta goma de la polla-Dijo Driu mostrando un largo tubo conectado a una bolsa que estaba repleta de orina-¿Hay enfermeras por el pasillo? -No me he fijado, ¿Es que te han dado el alta? -No, me largo por mi mismo. -Tio, no puedes hacer eso-Su tono de voz era suave-¿Qué pasa si vuelve a darte otro de esos ataques? Tienen que operarte. -Mírame, estoy bien. Hacía tiempo que no me sentía tan bien-Se acercó a un armario que había en la habitación y lo abrió de par en par-¿Es esta mi ropa? -Supongo. Driu se deshizo de la bata quedando desnudo por completo. -Asegúrate que no entra nadie. Su amigo caminó hasta la puerta y se apoyó sobre ella. -Esto es una locura. Driu se vestía con rapidez, en menos de un minuto se había colocado unos calzoncillos y se había puesto una camiseta color mostaza. -Las cosas ahí fuera no están nada bien, el loco ex de mi hermano intenta atropellarlo, la lunática se suicida y me acusa de cómplice… ¿Y yo me voy a quedar tumbado sobre una cama? -Alice te espera, la policía quiere interrogarte, he preñado a la prima de Kathleen… Añadió Dan sin mostrar importancia. -¡¿Qué?! -Si, tio, la he vuelto a cagar. -Retrocede, ¿Alice me espera? -¡Ah! Si, ya sabes, después de que tu amiga dejase escrito aquella carta fue como un choque contradictorio para ella. Te visitó un par de veces aquí. Driu tragó saliva y se fue hacia la cama con los zapatos en la mano. -¿Por qué Norb no me ha contado nada de eso? -Supongo que te conoce e intentaba protegerte de que llegases a esto. Señaló Dan. -¿Qué es lo que quiere? Preguntó mientras ataba los cordones con nerviosismo. -Una respuesta clara. Habló conmigo y yo lo negué todo. Intenté mostrarme con un verdadero asesino, algo que le llevó a perder los nervios. -Tú… -Tio, no voy a condenarte a estas alturas. -Gracias-Terminó de atarse los zapatos y de un brinco se alejó de la cama-¿Y que mierda es esa de que has preñado a Mariam? -Oh-Fue seco y con un tono pesado a la vez que refugiaba su rostro entre sus manos-La he cagado, me la follé sin condón y la he preñado. -¿Y Kathleen? -No lo sabe, esa tía es tan retorcida, me ha atrapado de una manera tan estúpida. Lo tenía planeado, lo juro, lo vi en sus ojos. Esa tranquilidad, esa predisposición a un futuro juntos. Quiere que me largue con ella. -Vaya, te la ha jugado bien esa zorra come-pollas. -Aunque esa zorra me ha ofrecido algo que me está haciendo pensar. -¿Largarte con ella? Dan asintió. -Tú mismo, ninguno de los dos tenéis nada. No sé como te verás con ella y con un crío. Dijo Driu. -Gracias tio, me ayudan tus palabras de apoyo. -No quiero que te vayas-Driu lo apartó del a puerta y abrazó a su amigo-pero deberías pensar que sería lo mejor para ti. Sea lo que sea, aceptaré tu decisión. Con un poco de imaginación, tras una charla entre los dos amigos, abandonaron el hospital. Un acto tan radical que molestaría a su hermano, Norb, quien en aquel momento parecía estar ocupado en sus asuntos más personales. Nach acababa de llamar a la puerta. Presentaba una gran serenidad en su rostro. -¿Qué coño haces aquí? Preguntó Norb nada más abrir la puerta. -Solo quería ver que estabas bien-Entró sin ser invitado observado en todo momento por Norb-y hablar contigo. -¿Hablar?-Norb cerró la puerta y le siguió hasta el salón donde el otro decidió ir-¿De lo que hiciste? -Intento demostrarte que te quiero. Y que solo serás para mí. Explicó Nach con serenidad. -Podría ir a la policía ahora mismo. -Claro que no harías eso. -¿Cómo estás tan seguro? Norb caminó hasta una mesita que había en un rincón junto a la ventana. -Me quieres, puedo verlo en tus ojos. Norbert, fuimos tan felices. Sonrió. -Estás mal si crees eso. Carcajeó Norb. -Bueno, también sé que quieres a otras personas-Nach se relamió los labios-como tu hermano, sería una lástima que fuese a la cárcel. Podría declarar algo al respecto. -¿Tú? Tú no sabes nada, fantasma. -Es posible, pero a veces puedo sonar tan creíble. Norb se giró, mirando por la ventana y mientras lo hacía abrió discretamente el cajón de aquella mesita e introdujo su mano por una minúscula rejilla. Lentamente fue sacando el arma que había guardado allí nada más llegar a casa y se la pegó al pecho. -Sabes que podríamos ser felices juntos, ¿Es necesario hacernos daños? No me gusta verte con otros hombres. Me duele. Señaló Nach golpeándose débilmente en el pecho. En aquel momento, Norb se giró apuntándole con el arma. La pálida piel de Nach pareció volverse más aun, incluso parecía transparente pues se notaban algunas venas en su rostro. -No seas tan extremo, Norbert. Nach se levantó rápidamente del sofá y se ocultó tras una lámpara desde donde le miró con recelo. -Largo de aquí. -He dicho que quería hablar, eso es hacer trampas. Replicó él. -Estoy hablando, vete de aquí ¡Ahora! -Podría usar esto… -¡Cállate!-Interrumpió Norb gritando bruscamente-Vete ahora y si se te ocurre acercarte más aquí o intentar perjudicar a mi familia, no dudaré en usar esto contigo. Entonces, unos golpes secos distrajeron a los dos muchachos. Alguien llamaba con euforia a la puerta. Varias veces e incluyendo impaciencia. -¿Norb? Soy Emily. Dijo desde fuera. -¡Un momento!-Norb miró a Nach y le señaló la salida con el arma-Vamos, sal de aquí. Nach caminó sin quejarse y abrió la puerta a la vez que Norb se escondía con agilidad el arma en los pantalones. -¡Oh dios mío! ¡Nach! Exclamó Emily con emoción al verlo salir por la puerta e intentando darle un abrazo. -Ya se iba. Soltó Norb con brusquedad empujándolo hacia fuera e invitando a su amiga entrar. -No creas que así acaba. Nos vemos. Dijo Nach antes de empezar a caminar. Enseguida Norb cerró la puerta y su amiga, emocionada, empezó a lanzar preguntas. -¿Qué hace él aquí? ¿Habéis vuelto? Sería fantástico, ¿Desde cuando? -Si me dejas contestarte al menos la primera pregunta podrás entender que no tengo ni el mínimo interés de estar con él de nuevo. -¿Y que hacía aquí entonces? -Él si quiere que volvamos. Casi me obliga a ello-Norb caminó hasta el salón seguido de su amiga-Incluso a sacado a relucir que podría perjudicar a mi hermano con los temas recientes. -Que fuerte. -Ya ves-Norb resopló-Y bueno, dime, ¿que te trae tan eufórica? -¡Oh, sí!-Dijo ella emocionada, se sentó y colocó su bolso sobre sus rodillas. Aclaró su garganta y sonrió-Me voy a casar. Norb tardó en asimilar aquella noticia unos segundos, unos largos segundos. -¿Te casas? ¿Casarte de matrimonio? Estaba confuso. -Sí. Con Scott. -Si, claro, el desgraciado imaginé que sería él. -¿Cómo dices? Norb carraspeó. -¡El afortunado!, disculpa, aun estoy asimilando la noticia, ¿Cómo es que te casas? Si apenas lo conoces desde… ¿tres meses? -Lo sé, suena muy precipitado. Pero le amo. Aclaró ella. -Emily que eso son palabras mayores, controla esos sentimientos espontáneos. -Lo sé, pero es lo que siento. Por cierto, ¿Cómo está tu hermano? En aquel tiempo, la puerta se abrió de golpe distrayendo a los dos amigos. Driu fue el primero que entró y enseguida, Dan le seguía detrás. -¿Norb? Preguntó nada más llegar. -¡En el salón! Driu caminó hasta allí y se detuvo bajo el arco que daba entrada al salón. Ambos, sorprendidos, lo miraron y Emily corrió hacia él para abrazarlo. -¡Driu! -¿Qué demonios haces aquí? Preguntó su hermano frunciendo el ceño. -Me he dado el alta. Afirmó él. -¿Para eso querías que fuese Dan? ¿Para escaparte del hospital? ¿Qué crees que dirán papá y mamá? ¿Y el hospital? Tenías que estar aun ingresado. Soltó una avalancha de preguntas. -Estoy bien. Dijo sonriente. -Yo te veo fantástico. Dijo Emily observándolo de arriba abajo. -¿Y tú?-Preguntó Norb nada más ver llegar a Dan al salón-¿Por qué se lo has permitido? -¿Qué podía hacer? ¿Atarlo a la cama? Tu hermano es mayorcito ya para saber lo que hace. -No te preocupes, todo irá bien. Dijo Driu con tranquilidad. Emily los miró a todos, estaba deseando soltar de nuevo la noticia. Pero algo le haría que esperase. -Por cierto… Dijo Dan antes de ser interrumpido por su amigo. -¡Ah, sí! No te lo vas a creer, hemos visto a Nach en el barrio. Cerca de aquí. -Si, ha estado aquí. Confirmó Norb. -Ohm, ¿Ha hecho algo? -Una larga historia-Norb se alborotó el pelo y acomodó su trasero nuevamente en el sofá-Creo que no haremos noticia de eso, hay algo más novedoso. Él miró a su amiga quien parecía deseosa de soltar aquellas palabras. -¡Me caso! Dan y Driu la miraron boquiabierto. -¿Te casas? Preguntó Dan. -Está borracha. Dijo Driu. -O drogada, ¿Le has mirado las pupilas? Añadió Dan. -Lo peor es que habla en serio. Se va a casar. Dijo Norb. Aquella noticia había sido una absoluta sorpresa. Algo impredecible viniendo de su amiga Emily. Salieron aquella tarde al jardín, acompañados cada uno con una taza de café y más calmadamente, entraron en detalles sobre lo que ella tenía pensado hacer. El jardín de atrás de los Bleibtreu era quizás uno de los lugares menos explotados de la casa, tenían unos árboles frutales con los que su madre a veces usaba para elaborar confituras artesanas y un rincón donde podían disfrutar. -Aclaremos el punto. Te casas. Dijo Driu. -Sí. Parecía no controlar la sonrisa, pero es que le salía sola. Se formaba en su rostro de manera automática nada más mencionarlo. -¿Por qué? Tienes veintiún años, es como querer destrozarte la vida con terrorismo sentimental. Dijo Norb aguantando unas risas. -Lo tengo claro, chicos, no me vais a hacer cambiar de opinión. Es algo íntimo, la razón por la que os lo he contado es por que necesito que estéis allí. Tú-Dijo señalando a Norb- y a ser posible vosotros dos ahora también. -¿Te casas por que estás preñada? Preguntó Driu. -No-Rió ella-La razón por la que me caso con Scott es para que él pueda conseguir la residencia aquí. Es australiano. -Ya decía yo que tenía un extraño acento. Se burló Driu haciendo una mueca. -Su visado de estudiando ha expirado y él quiere estar aquí. Conmigo. -Pues que solicite otro. -¿Sabes que esas cosas están reguladas por un departamento de inmigración? Hacer eso sería delito. Dijo Norb seriamente. -Si no nos pillan… Dijo Emily jugueteando con una servilleta. -Este grupo de amigos está condenado a enfrentarse a la justicia. Es así-Dijo Driu-Por un mundo mejor, somos unos rebeldes progresistas. -¿Vendréis a la boda? Preguntó Emily. -Que remedio, cuenta conmigo. Dijo Norb. -Yo no tengo otra cosa que hacer-Miró a Norb y este arqueó las cejas-Excepto de prestar declaración con la policía. Cuenta conmigo. -Yo también iré. Dijo Dan. -Gracias, significa mucho para mí. -Por cierto, ¿Cuándo dice que te casas? Preguntó Norb interesado. -Pasado mañana. Sonrió. -¡¿Qué?! Preguntó Driu sorprendido. -¿No habrá despedida de soltera? Preguntó Dan. -¡Lo ha hecho aposta! -Será en secreto, no puedo permitirme hacer eso. Dijo ella tímidamente. -Nos perderemos a un negro restregarle su gran nabo por la cara, tio. Dijo Driu un tanto decepcionado. Una boda con todo lo que estaba ocurriendo, sonaba tan absurdo. Driu intentaba quitarle importancia al asunto imaginando que todo iría bien. Que aquella declaración que su amiga Charlotte dejó no afectaría al curso de su vida. Lamentablemente, una vez más, Driu estaría equivocado. Aquella misma noche, en los barrios más pobres de la ciudad, Mariam anduvo hasta localizar lo que buscaba. Un apartamento que todo el mundo conocía por haber sido noticia. Subió las escaleras, sin tocar la baranda mohosa y repugnándole todo lo que observaba a su alrededor. Las luces del pasillo por donde caminaba parpadeaban, algunas ya ni siquiera hacían aquel intermitente parpadeo. Estaban fundidas. Se acercó a la última puerta del pasillo y se plantó con nerviosismo delante. Alzó su puño y golpeó ligeramente sobre la madera. -Hola. Ella saludó amablemente en cuanto le abrieron. -Hola. ¿Quieres algo? Sonó de manera hosca. Parecía estar acostumbrada a recibir visitas. -Vengo con algo que posiblemente te interese. -Si eres periodista, lo siento, no estoy interesada en nada más que abarque el asunto acerca del accidente de mi madre. Se trataba de Alice. Tenía el pelo recogido y estaba envuelta en un extraño poncho de lana de color marrón. -No soy periodista, pero quizás te interese saber que lo que te traigo es posible que sirva para dar paz a la memoria de tu madre. -Lo siento, no quiero saber nada más… Intentó cerrar la puerta pero Mariam la detuvo. -Solo escúchame. Después de unos breves segundos pensando. Accedió a dejarla entrar. -Vale, pasa. Ella caminó con desconfianza por aquel pequeño apartamento pero con una sonrisa que no podía borrar de la cara en cuanto le invitó a pasar. Refugiaba su bolso entre sus brazos y miraba todo lo que le rodeaba. -Venga, dime. No le gustaban los rodeos. Animó a que comenzara cruzándose de brazos y observándola. -Tú no me conoces, pero sé perfectamente tu historia. Dijo Mariam. -¿Alguien no la sabe? Pareció molestarle. -Es cierto que todo ello se ha convertido en un show mediático. -Déjate de pausas. ¿Qué es lo que quieres? -Ayudar. Hacerte saber quien fue el verdadero responsable del atropello de tu madre-Mariam se giró y respiró-Conoces a Driu Bleibtreu, ¿Verdad? -¿Eres su amiga? -Me hubiese gustado-Aclaró-Aunque nunca llegué a tener relación con él. Sé que todo este tema ha sido levantado con esa última declaración que dejó esa chica escrito en una carta antes de quitarse la vida. -¿Y? -Esa chica tenía razón. Ella lo sabía. Dan Hanley juró protegerle. -Esto ya me lo conozco. Alguien ya me soltó algo parecido. -No, alguien te soltó una mentira. Driu Bleibtreu fue quien atropelló a tu madre. Su amigo Dan se ofreció a cumplir con la condena para protegerlo. Sé que sabes que hubo personas dispuestas a encubrir el asesinato y que cuando lo supiste lo comprendiste como un acto amistoso. Un sacrificio por preservar ese vinculo. No fue así. Dan fue quien se sacrificó como un buen amigo. -Dan se declaró culpable… -Por que Driu se lo pidió-Interrumpió con coraje Mariam-Tan egoísta que no quería perder nada de lo que tenía aquí fuera. -¿Cómo sabes tú eso? Preguntó Alice extrañada. -Él mismo me lo contó-Sabía que mentía ¿Pero que más daba? Casi estaba a punto de conseguir lo que quería por lo que no le impidió que continuase-Búscale, intenta sacarle la verdad. -¡Eso no es tan fácil! -Driu está en su momento más vulnerable de su vida-Casi lo dijo en un susurro-Si le amenazas con hacerle perder a sus amigos, todo lo que tiene, lo hará. -¿Por qué estás tan segura? -Lo conozco. -No lo comprendo-Alice caminó por la casa, angustiada-¿Qué sacas tú de todo esto? -Necesito a Dan fuera. Lo necesito para que pueda…-En aquel momento se acarició su barriga y sonrió-No es justo que alguien que se portó como un buen amigo pague por algo que nunca hizo. -Entonces…Driu mató a mi madre. -Sí, y debe pagar por lo que hizo. Yo solo necesito que Dan pueda estar fuera conmigo. -Pero él será acusado como cómplice. -Ahí entras tú. Debes afirmar que Driu te contó como le drogó y le hizo creer que fue quien lo hizo. Solo así podrás honrar la memoria de tu madre y que se haga justicia. -Haré lo que pueda. -Te aconsejaría algo-Mariam se acercó un poco más a ella y la miró con ojos llorosos, posiblemente por la misma emoción de oler la victoria de su anhelo personal-No dejes que la rabia y el rencor se apoderen de ti. Alice la abrazó. -Gracias. Cuando sus brazos la envolvieron sintió una espesa tranquilidad. Casi se sintió ahogada pero le daba absolutamente igual, la satisfacción la embargaba. -De nada. Dijo sonriente.
A la mañana siguiente, Alice Bradley se despertó como no lo había hecho en muchísimo tiempo. Sonreía. Se acercó al espejo del baño y se miró. Se veía agraciada. Comprendía aquel sentimiento positivo dentro de ella así que tan solo tenía que llevar a cabo lo que la noche anterior prometió. Justicia. Era viernes y no iba a ir a trabajar. Estuvo enfermo durante semanas ¿por que no abusar un poco más? Su hermano Norb siempre le decía lo afortunado que era por mantener aquel puesto de trabajo con el que en muchas ocasiones había jugado. Pero posiblemente así fuese, que Driu Bleibtreu, era un chico afortunado. Se miró al espejo y se estuvo toqueteando la cicatriz de su cabeza. Le repugnaban las cosas así. Tan blando y con sangre a punto de brotar. Se ocultó aquello con su pelo y bajó de dos en dos las escaleras. -¡Pene! Dijo nada más entrar en la cocina. -Buenos días. Dijo su madre que estaba liada con la cafetera. -¿Y mi hermano? Preguntó tirándose sobre un taburete de manera desinteresada. -Dormido. -¿Y Dan? No está en mi habitación cuando me he despertado. -Estará en el salón viendo la tele-Su madre le acercó una taza que humeaba y lo miró-¿Vas a ingresar esta tarde en el hospital? -Si, claro. Soltó desinteresado. -Los médicos exigen que estés allí. No sé como mierda te saliste de ese hospital pero… -Que si, mamá. Astucia. Cogió la taza de café y se dirigió arrastrando los pies hasta el salón. Allí estaba Dan, tendido a lo largo del sofá con el mando a distancia de la tele. -¡Hey! Saludó Driu. -¡Hey! que pasa. -¿Qué haces despierto tan temprano? Normalmente te quedas hasta las doce del medio día dormido. Dan se hurgó en el bolsillo de su pijama y se sacó su móvil. Enseguida se lo lanzó con un ligero gesto ha su amigo. -Lee eso. Sugirió. -¿Mariam? -Dice que tiene solucionado lo mío. O que ha encontrado la solución. Quiere que vaya a verla esta tarde para que lo hablemos. -¿A casa de Kathleen? Por que es donde ella vive ahora. -Lo sé, lo sé-Dijo sin atribuirle demasiada importancia al asunto-Me colaré sin que me vea. -Dios, esto es una locura. ¿De verdad vas a escaparte con esa zorra? -Quizás no sea tan malo, ¿Sabes? Quizás sea este mi camino. -¿Y que voy a hacer yo cuando te vayas? Kathleen no me hablará, si es que no pierde antes la cabeza y comete una locura. Evan está en la cárcel, Charlotte muerta, Emily se casa y Norb, bueno, es Norb. Tiene su trabajo y todo eso-Driu caminó para sentarse a su lado, dejó la taza sobre la mesa y lo miró-¿Cuál es mi camino? -Huye a Tailandia. Dijo Dan riendo. -Sí, justo pensaba en ello. -Ha pasado mucho tiempo desde que éramos aquellos chavales inconscientes-Dijo Dan con nostalgia-Aun recuerdo el momento en que me fui, la policía nos buscaba y ahí estábamos nosotros, en una fiesta. Sin perder un solo minuto. -Si. Fue una larga y placentera afirmación. Denotó gozo al expresarlo. -No sé como se lo habrá apañado Mariam para solucionar mi problema pero sin duda es una tia fantástica. -Vaya, veo que entonas otra cantinela ¡eh!-Driu posó sus pies sobre la mesa-Tan fría, maquiavélica, vanidosa y superficial…que sepas que va a ser como acostarte conmigo. -Lo llevaré presente. Dijo Dan riendo. Era una charla agradable para haber empezado la mañana pero estaba a punto de ser interrumpida por algo que no había visto venir. Llamaron a la puerta y, Driu, fue el único en moverse para abrir. Y nada más abrirla se encontró con su miedo. En carne y hueso, allí de pie. Alice Bradley. -Alice. Tragó saliva y ni se inmutó. -Quiero hablar contigo. Driu cerró la puerta. Si había algo que más terror le daba eran aquellas palabras y más aun si eran pronunciadas por la hija de la mujer que una vez atropelló. ¿Cuánto iba a durar aquello? No paraba de perseguirle. La puerta fue aporreada de nuevo y Driu se mordió los nudillos con nerviosismo antes de envalentonarse para abrir nuevamente. -Hola, disculpa, fueron los nervios. Salió fuera, al porche y Alice le siguió. -Estoy aquí de la manera más pacífica. Me ha costado muchísimo, tienes que entenderlo. Explicó Alice. -Claro, si…seguro-Él se cruzó de brazos y la miró, no sin antes repasar el barrio completo con su mirada-Dime, ¿De qué quieres hablar? -En primer lugar, me alegro de verte que estás bien. -Gracias. -Y en segundo lugar, ¿Fuiste tú quien mataste a mi madre? -¿Qué?-No pudo evitar una risa que denotaba su nerviosismo-Si es por la carta que dejó esa lunática, debes entender que no estaba muy bien de la azotea. El hermano tampoco, creo que fue algo hereditario. -Lo hiciste, ¿No es cierto? -Alice, ya sabes quien lo hizo. Remover este asunto es un tanto macabro. Sintiéndolo muchísimo, es mi amigo y comprende… -Mientes. -¿Por qué mentiría en algo así? -Hiciste que Dan fuese a la cárcel por ti, lo sé. Driu resopló. -No sé quien ha podido contar algo así pero quien sea, miente. -Quemaste el coche, fingiste que fue un robo. Lo sorprendente es que desde el primer momento ya tenías pensando condenar a tu amigo. -Eso no es verdad. -¿Ah, no? Hiciste que todas las pruebas apuntasen hacia él. -No pienso seguir con esta mierda de conversación… Intentó marcharse pero Alice le detuvo. -Admite tu culpabilidad. O arrastraré a todos tus amigos con esto, incluyéndote a ti. -¿Cómo? No tienes nada. -Tengo alguien que estaría dispuesto a declarar y os costaría todo. Alguien que sabe a la perfección lo ocurrido. Toda la vida que has llevado se iría a la mierda. Alice intentaba que su voz no sonase amenazante pero si intimidante. -No puedo hacer nada. -Sacrifícate ahora por ellos. Al igual que ellos lo hicieron en su momento. Driu cerró los ojos por un momento, respiró con profundidad y durante tanto tiempo que su pecho se hinchó. La miró a los ojos y lo hizo. -Sí, yo atropellé a tu madre-Alice alzó la comisura derecha de su labio-pero no podía ir a la cárcel, no podía perder todo lo que tenía aquí fuera. -Puro egoísmo. Como pudiste… -Dan se ofreció a hacerlo, en ningún momento le obligué a hacer nada. Aquella conversación se había convertido en murmullos. -Entrégate a la policía. -No puedo hacer eso. La barbilla le temblaba. Alice se hurgó en su bolso y sacó un aparato de tamaño proporcionado a su mano y rectangular. Lo había grabado. Ahí estaba, la declaración que al fin cerraba todo aquello. La cara de Driu se descompuso. -Tienes hasta mañana. Si no te entregas, yo entregaré esto a la policía y es algo que sin duda no estarás dispuesto a que ocurra. -No metas a mis amigos en esto. -Son tan culpables como tú, encubridores de un asesinato. Cómplices. -Está bien-Lo dijo de manera pausa mientra observaba la mano de la chica, en cuanto la vio distraerse un poco, se lanzó a por la grabadora que sujetaba-¡Dame eso, zorra! Alice se apartó rápidamente bajando las cuatro escaleras del porche, unos metros alejada de él volvió a advertirle. -Hazlo, enfréntate a esto o condenarás a todos tus amigos. Alice guardó la grabadora en su bolso y se marchó con un guiño. Entre todas las soluciones que podría intentar ver Driu ante aquello, cada una de ella sonaba más absurda en su cabeza. Entró de nuevo a la casa, y con desánimo, miró hacia su amigo. -¿Quién era? Preguntó. -Evangelistas. Dijo él. Iba a ser una decisión especialmente difícil, sabía que era fiel a sus amigos, a su manera, pero lo era. Pero luego estaba su egocentrismo, su egoísmo personal que quizás rivalizase con aquel sentimiento de honestidad. Tenía un solo día, un día para tomar una decisión que cambiaría por completo su vida como nunca podría haberlo hecho. Mientras tanto, Dan decidió poner rumbo a un futuro inesperado. Se acercó a la casa de Kathleen, donde actualmente vivía también su prima Mariam, para hablar de lo que iba a ser su nuevo camino. Entró por la puerta de atrás, con la ayuda de Brenda, la sirvienta, y subió hasta la habitación de la chica. -¿Por qué no me has llamado cuando has llegado? ¿Has entrado por la puerta principal? Preguntó Miriam nada más verlo entrar en la habitación. -He entrado por la puerta de atrás, no te preocupes, Kathleen no me ha visto. -Kathleen está en su baño aromático de hora y media. Debiste haberme llamado. -Quiero estar contigo. Lo soltó sin pensar, llevado por la alegría que en su cuerpo se batía por salir de alguna manera. Estaba ilusionado, hacía tiempo que no se le veía de esa forma. Y fue algo impredecible en Dan, ¿Atarse a una mujer? Dios, era de locos, y más aun si se le sumaba un crío. -Vaya, esto si que…-Mariam se abanicó con la mano-Me ha gustado, si, bastante. Saltó hacia él y lo empezó a besar. -¿Qué tienes pensando? Preguntó. -Canadá. Será un buen lugar para irnos. -¿Canadá? Lejos, ¿No?-Él se retiró por un momento y pareció abarcarle algunas dudas-¿Y que hay de mi asunto? -Creo que está todo bajo control, como te dije, es algo que está en mis manos. Solo dame un tiempo. Un par de semanas, quizás. -Eres una gran hija de puta, me encanta. Dan la alzó en el aire y la besó. -¿Quieres que hagamos algo ahora? -Si me das tiempo para descarga la vejiga, haré que esos muslos tiemblen. Mariam sonrió y le señaló con la barbilla hacia un baño que estaba situado continuo a la habitación. Dan le devolvió la sonrisa y se encerró en el baño. Kathleen disfrutaba, ajena a que alguien a quien detestaba con todo su corazón, estaba justo a unos metros de ella. Era viernes, no había nada que pudiese estropear aquel relajante baño de sales aromáticas y velas. Era un ritual para ella, podía haber un tornado cerca, inundaciones y hambruna pero nadie haría que Kathleen perdiese aquel baño de hora y media. Desafortunadamente, aquel día iba a ocurrir algo que haría historia en sus baños aromáticos. Justo debajo de aquel lavabo, sus ojos se centraron en ello y eso que casi estaba oculto detrás. Un test de embarazo. Salió rápidamente cubierta de espuma, se envolvió una toalla en el pelo y un albornoz rosado en su cuerpo. -¡¿Debes estar de coña?! Fue como entró en la habitación mientras Mariam guardaba algo de ropa en su armario. -¿Habitualmente no sueles llamar a la puerta? -¿Estás preñada? Mariam se acercó con ligereza hasta su prima y le arrebató el test. -Esto es algo privado. -Llevas escasamente un mes aquí y ¿Has dejado que te preñen? No obtendría la respuesta, Mariam lo tenía claro pero también deseaba en aquel momento que aquella conversación atravesase la puerta del baño y fuese escuchada por Dan. Pero pareció que era algo que no iba a ser así. -¿Estás preparada, nena? Dan salió de golpe del baño y se frenó de lleno nada más ver a Kathleen. -¿Qué coño haces tú aquí? Preguntó Kathleen sorprendida. -Lo mismo me pregunto yo. Dijo Dan sin saber exactamente escoger las palabras. Kathleen miró a Mariam esperando una respuesta, pero no le hizo falta alguna. Ella mismo se respondió. Miró hacia su prima, concretamente al estómago, luego su mirada se acercó al test de embarazo y a continuación observó a Dan. Sus ojos se abrieron de par en par, casi parecía que iban a estallar. La toalla que llevaba sobre la cabeza de desenredó sola y soltó un: -¡OH DIOS MIO! Tan exagerado que le hizo retroceder a ambos hacia atrás. -Te puedo explicar esa parte. -¡¿Qué coño me vas a explicar?! ¡Te has dejado preñar por este! ¿Pero como has caído? -De igual forma que lo hiciste tú. Dijo Dan mientras mira le lanzó una mirada. -¡Desgraciado! -Tranquilízate, prima. Hemos analizado esto desde un punto responsable. Dijo Mariam. -Lo sabías, lo tenías pensando…te tendí mi mano y has hecho esto-Su dedo acusándoles de traición casi parecía retorcerse-Os quiero fuera, a los dos ¡Fuera de esta casa! Kathleen salió dejando claro como se sentía con un fuerte y atronador portazo. -Y bueno, ¿Cuándo dices que salimos para Canadá? Preguntó Dan.
El muchacho avanzaba por las calles de la ciudad con su coche. Observaba todos los carteles que veía luminosos y reflejados sobre sus ojos. Parecía conducir abatido, derrotado, pues su mirada cada vez que era reflejada es lo que transmitía. Detuvo su vehículo, apagó el motor y sin asegurarse de si lo dejó cerrado, caminó por aquellas calles. A nadie llamaba la atención su pelo enmarañado y su aspecto desaliñado. Él estaba acostumbrado a llevarlo así, destacaba su personalidad. Así era Driu. Entró en un local, bastantemente ambientado con música country. Se acercó a la barra y pidió algo para beber. En cuanto se la sirvieron, se giró en el taburete y se colocó la copa entre las piernas, observando aquel lugar. Había personas que lo miraban y le sonreían. Eso a él le encantaba. Sus manos nunca estaban desocupadas, pasaba el tiempo y bebía y bebía. Sin preocupación alguna. Casi estaba tumbado sobre la barra cuando alguien se le acercó. -¿No llevas demasiado? Era un hombre, adulto, treintañero, con un rostro cuadrado y una barba de dos días. Tenía unos ojos grandes y luminosos los cuales no apartó de él. -¿Es que las está contando? -Digamos que llevo un rato mirándote, ¿Estás solo? Driu lo pensó antes de contestar. -Sí, estoy solo. -Entonces me sentaré contigo. -Tú mismo. Señaló Driu con pereza. -¿Te invito a algo? -Quizás. ¿Tienes algo bueno? El hombre carcajeó. -Me refería a una copa. Aunque si quieres algo mejor… Aquel hombre posó su mano sobre su pierna y Driu lo permitió. Le señaló hacia el baño y sin rechistar, accedió a acompañarlo. Entraron y el hombre se encargó de observar que nadie había allí. -Tengo coca. Dijo. -Algo imaginé, no he venido a chuparte la polla. Dame un poco. Driu fue directo a arrebatarle la bolsita que este le mostró de su bolsillo derecho del pantalón pero le detuvo y pegó su cuerpo con el suyo. -¿Y que me darás tú a cambio? Susurró el hombre. -Te aseguro que tendré algo que ofrecerte. Sonrió Driu. El hombre se acercó a los lavabos y vertió el fino polvo blanco sobre el. Organizó dos líneas paralelas y enseguida absorbió por su orificio nasal una de estas. Driu se acercó y se inclinó. Viejos hábitos, pensó, pero le daba igual hacerlo. Estaba a punto de despedirse de su vida ¿Qué mejor forma que revivir viejos hábitos? Tras hacer aquello, tras consumir aquella vieja amiga, se dejó caer sobre las frías baldosas. Tenía los ojos cerrados y sentía como todo a su alrededor le daba vueltas. Nada más abrirlos se encontró con aquel hombre mirándole fijamente, y sonriendo. Driu se acercó a él e intentó besarlo pero este lo evitó. -No tan rápido, vayamos a un lugar mejor que esto. -¿Si? -Si. A aquella hora fronteriza entre los últimos noctámbulos y los primeros madrugadores, nada rasgaba la noche y alegraba el cuerpo con ritmos. Driu buscó su coche, recordaba haberlo aparcado por allí, cerca pero no aparecía. -¿Seguro que viniste en coche? Preguntó el hombre. -Te lo aseguro, estaba aquí. Señaló hacia un hueco vacío de estacionamiento. -Pues parece que ahora no está. El hombre lo abrazó por detrás y le besó en el cuello. -Necesito mi coche. -No te preocupes, yo tengo uno. Vente conmigo. No lo pensó detenidamente, el viejo Driu no pensaría algo así, ¿Un poco de droga y sexo ocasional? Estaba acostumbrado, era algo con lo que disfrutaba. De todas formas ya había tomado una decisión acerca de lo que haría y estaba claro que tener coche o preocuparse por cosas así ya no importaba. Ahora solo quería disfrutar, disfrutar de aquella última noche. Entonces, sábado, había llegado el gran día, uno de esos días con los que toda mujer suele soñar en su vida. Emily Lambert estaba tan emocionada que no podía creerlo. Iba a casarse. Aquella mañana despertó temprano, especialmente temprano. No iba a llevar nada que llamase la atención, quería que fuese algo discreto así que optó por el traje que llevó en la fiesta de año nuevo de Kathleen Gifford. Ese traje azul que tan caro le costó. Pero como toda boda, y la suya no sería excepción, surgirían contratiempos. Norb no la había llamado aquella mañana aun para recogerla. Driu no daba señal alguna de vida y Dan, bueno, él prefería estar ocupado en otros asuntos. No podía esperar, tenía que moverse. Recorrió la calle de Whitelust Creek con el vestido bien doblado y metido en una bolsa, maquillada y peinada para la ocasión, se plantó en la puerta de casa de los Bleibtreu. Llamó con nerviosismo e impaciencia. Norb abrió la puerta con el teléfono pegado a su oído. -¿Cuándo piensas venir a buscarme? Ella entró refunfuñando hasta la salita principal. -No localizo a mi hermano, se fue ayer por la tarde y no ha vuelto-Miró el teléfono por última vez y lo dejó en una pequeña mesa junto a la escalera-estoy asustado por si le podido repetir esa hemorragia. -¿Has llamado a algún hospital? -Si, no tienen nada. -¿Y Dan? -Dice que llegará a tiempo. -Necesito mínimo dos testigos, Norb. Aunque sonase egoísta, ella solo pensaba en su boda. Clásico de una mujer el día de más especial y mágico de su vida. -No te preocupes, cariño-Dijo Norb besándole la frente-Todo saldrá bien. -Scott tampoco no me ha llamado, dijo que… -Emily, cielo, por favor. Cálmate. Es el novio. ¿Vale? No te faltará. Norb no parecía ir vestido con algo especial. Usaba unos pantalones ajustados, una camisa abrochada hasta arriba y un cardigan que hacía juego a los pantalones. Él parecía estar nervioso pero no precisamente compartía los mismos que su amiga, estaba preocupado por su hermano y más aun por que el lunático de su exnovio pudiese haber hecho algo. -Deberíamos ir yendo para la capilla. Sugirió Emily. Entonces la puerta se abrió de golpe y entró Dan. Jadeaba y tenía un ramo de flores en la mano. Era evidente que se había esforzado para llegar a tiempo. -¡Estoy aquí!-Dijo mostrando el ramo de flores-No hay problemas, lucirás con un bonito ramo de colores vibrantes y brillantes. -¡Por fin! ¿Dónde te has metido? Preguntó Norb. -Pasé la noche en casa de Mariam. Los dos amigos se miraron pero no dijeron nada al respecto. -¿Sabes algo de Driu? Preguntó Norb. -No, nada. ¿No está aquí? -Salió ayer por la tarde y no ha dado señales de vida. -Conociéndolo, seguro que se ha dado la despedida de soltero el mismo en honor de Emily. Carcajeó Dan. -No tiene gracia. Dijo Norb preocupado. -Aparecerá allí, deja de preocuparte. -Deberíamos de irnos ya. Propuso Emily nerviosa. -Está bien, está bien. Vámonos. Los tres amigos pusieron rumbo hacía el coche. Cada uno expresando aquella emoción en su rostro a su manera. Se cruzaron toda la ciudad para llegar a una capilla de lo más discreta. “Únete al gremio” un nombre que estaba resaltado sobre la puerta en colores fluorescentes. Un lugar especializado sin duda en ese tipo de enlaces. Emily ya estaba vestida y absolutamente preparada para ser consagrada. Ahora ya había llegado el momento. Aunque era sábado, Kathleen pensó en repetir aquel ritual que tenía establecido los viernes. Dada las circunstancias del día anterior, decidió repetirlo. Y lo llevó a cabo con el mismo procedimiento que hacía habitualmente. Lo llenaba todo de velas aromáticas; vainilla francesa, sándalo y acitronela. Luego, llenaba la bañera por completo y vertía unas sales orientales que le relajarían los músculos. Pero ese día pensó en hacer una nueva aportación, algo que sin duda la induciría en una relajación plena. Era un pequeño frasco, se vertió algunas píldoras alargadas y de color lila. Se las tragó, sin necesidad de agua. Respiró y se introdujo en su baño con espumas. Esa agua caliente le hizo sentir tal placer que se estremeció. Poco a poco se fue deslizando por ella hasta introducirse por completo bajo agua. Lamentablemente, repetir el proceso quizás no serviría de nada para que no pudiesen fastidiarle su hora y media de relajación. Fuera, Mariam golpeó varias veces la puerta. -Kathleen, quiero hablar contigo. No podemos dejar las cosas así. Continuó llamando. Insistentemente. Kathleen la ignoraba, aunque la verdad era que bajo agua poco podía escuchar. Sus orificios empezaron a llenarse de agua y le dificultaba poder oír. -¡Venga ya! Deja de comportarte como una cría. Mariam refunfuñaba tras la puerta. Pero para Kathleen, aquello iba a durar.
Era un lugar pequeño, íntimo, pero no le daba importancia siempre y cuando acabase con la persona que quería. Scott ya estaba allí, esperando impaciente ante aquel altar. Norb entró y lo saludó. Dan hizo lo mismo. Scott se acercó a un pequeño radio casete que estaba a un lado y una suave melodía invadió la sala. Emily sujetó con fuerza el ramo de flores y caminó. No era larga la distancia que tenía que recorrer pero a ella se le hizo eterno. Un joven sacerdote precedía la boda. Una vez llegó, Scott la acarició y susurró: -Estás más bella que nunca. -Que idiota-Dijo ella con timidez. -¿Podemos empezar? Preguntó el sacerdote. -Adelante. Dijo Scott. El sacerdote aclaró su garganta antes de comenzar. -Estamos hoy reunidos para unir en sagrado matrimonio… Su discurso inicial fue interrumpido por una oportuna melodía que emergía del bolsillo de Norb. Rió incómodamente al ver que había interrumpido y rogó un segundo. -Voy a cogerla, enseguida vuelvo, continuad con la ceremonia. Corrió hasta fuera y aceptó la llamada mientras Emily le acompañaba con una mirada molesta. -¿Sí? -¿Te pillo ocupado? -¿Nach? -Sé que estás en un momento comprometido, ¿Podrías otorgarme un momento? -¿Qué mierda quieres? Pensé que había quedado claro lo que hablamos. -Yo creía que iba a ser negociable. -No hay nada que negociar. Norb se estaba enfureciendo. -Está bien, una vez más actúas con egoísmo. Que le den a Driu, entonces. Atente a las consecuencias, Norbert. -¿Driu? ¿Qué le has hecho a mi hermano? maldito cabrón perturbado. -Acabas de decir que no hay nada que negociar, quédate con tu egoísmo. -¿Dónde demonios estás? -En la calle de atrás del gran centro comercial. Ven a verme y podremos…charlar. Sus palabras sonaron tan mal que le hicieron estremecerse. Tras aquello, le colgó. Norb miró hacia la puerta de la capilla, su mejor amiga se estaba casando y él estaba a punto de abandonarla el día más importante de su vida. Pero también temía por su hermano y por lo que ese lunático pudiese hacer. No lo dudo demasiado tiempo. Se alzó la camisa y se aseguró que llevaba el arma. Así era, se había escondido el revolver antes de salir de casa. Era algo que había estado haciendo durante este tiempo, ir a una boda no le iba a cambiar demasiado. Aquella arma le hacía sentirse seguro y fuerte. Se la ocultó y emprendió una carrera calle abajo. Esquivaba todo tipo de obstáculos con el fin de llegar a tiempo a aquel callejón. Jadeaba cuando lo encontró, le dolía el costado de haberse esforzado y allí estaba. Entró en el callejón casi cojeando mirando a cada rincón. Entonces apareció. -Perdona que me escondiese, quería asegurarme de que venías solo. Estaba oculto tras unos contenedores de basura. -¿Dónde…donde está mi hermano? Aun le faltaba el aire. -No lo sé. Dijo Nach sin transmitir importancia acerca del asunto. -Dijiste… -Que tú hermano sufriría las consecuencias de tu egoísmo, claro que sí. Continuó Nach. -¿Dónde está él? Deseaba sacar el arma y amenazarlo pero sería mejor evitarlo. -Norb-Nach empezó a caminar-Vuelve conmigo, será la única forma de salvar a tu hermano. Juro que si estás junto a mí, no iré a la policía. -¿Ir a la policía? Yo podría hacer que te encerrasen, desgraciado. -No harías eso-Chistó Nach-Estar conmigo puede asegurar la confianza en tu familia. -¿Esto es lo que tienes? ¿Intentar lo mismo? ¿Ese es tu arma? -Te quiero. -Un desperdicio de sentimientos, por que yo a ti, no. Norb le dio la espalda, sabía que estaba perdiendo el tiempo. Por un momento creyó que su hermano estaba allí, que ese perturbado podría haberle hecho algo pero tras aquella conversación supo que el objetivo de su ex era tan pobre que no merecía la pena. Nach, nada conforme, se acercó a unos tablones de madera que había bajo la escalera de incendios de aquel callejón donde se encontraban y cogió uno. Se abalanzó hacia Norb sin piedad y le golpeó en la nuca. Cayó al suelo. -¡Si no estás conmigo, no pertenecerás a nadie! Gritó Nach. Su mandíbula parecía desencajada, sus ojos mostraban ira y rabia. ¿De verdad estaría dispuesto a quitarle la vida para que nadie lo tuviese? Aquel rostro lo delataba. Norb se levantó con esfuerzo a la vez que se arrastró por el suelo para alejarse de él. Pero este le volvió a atizar en toda la cara con aquel tablón de madera. Fue entonces cuando no lo dudó, Norb sacó su arma. Se detuvo en cuanto observó como le apuntaba. -Tranquilízate. Rogó Nach dejando caer el tablón al suelo. -¿Qué me tranquilice? ¿Esto es lo que quieres para mí? -Norb, por favor… -Debería dispararte y acabar con esta demencial situación. Norb le agitaba el arma delante para intimidarlo. -Te quiero. Lo hizo sonar de una manera tan dulce y sincera. Casi creíble. Pero Norb no caería. -Para de una vez. Norb apretaba la mandíbula con rabia. -Te quiero. Lo volvió a repetir, a la vez que lo soltó fue como una señal de salida para lanzarse hacia Norb. Le sujetó el arma y ambos forcejearon durante un rato. El arma estaba alzada por Norb e intentando que no se disparase. Nach golpeaba y saltaba para conseguir arrebatarle el arma. Se oyó un primer disparo. Fue al aire y perfectamente se escuchó donde golpeó. La escalera de incendios hizo saltar chispas de fuego. Norb pensó que si disparaba le haría retroceder pero Nach aun forcejeaba por conseguir el arma. Aquello parecía hacerse eterno. Le arrastró los brazos hasta debajo de la cintura, ambos forcejeaban con el arma entre sus abdomen temerosos por que pudiese dispararse. Deseaba acabar rápido con aquello, pensó en tirar el arma y salir corriendo del callejón pero sabía que sería darle ventaja a aquel perturbado. Nach gruñía y en ocasiones intentaba morderle el brazo. Norb sintió como el arma se pegó a su cuerpo, quizás no reconocía que parte de esta lo hacía pero sabía que estaba muy cerca. Entonces ocurrió. Fue algo seco, casi perceptible para sus oídos o las paredes de aquel callejón. Ambos notaron como restos de sangre golpearon bajo sus barbillas. Se mancharon por partes iguales. El arma cayó al suelo acompañado de gotas de sangre. Olía a pólvora. El cañón aun desprendía un fino hilo de humo. Norb alzó la mano y sujetó la cara de Nach, la estrujó con fuerza o eso quería hacer. Como si de un gesto cariñoso se tratase. Nach sonrió.
Entre tanto, Emily no estaba disfrutando tanto de aquella ceremonia como le hubiese gustado. Uno de sus mejores amigos no estaba presente. El sacerdote continuaba con la ceremonia pero hacía breves pausas donde aclaraba que necesitaba tener dos testigos presente. A Scott le estaba empezando a aborrecer. Así que Emily lo hizo, le hizo detenerse. -¿Quieres que pare? Preguntó el joven sacerdote. -No podemos continuar sin Norb. Dijo ella. -Cariño, dejemos que termine con la ceremonia y esperémoslo para que luego firme. Dijo Scott. -¿Quieres que vaya a buscarlo? Preguntó Dan. Su amigo asintió. Él carraspeó a la vez que miró al sacerdote, se arregló el cuello de la camisa y corrió con ligereza hacia la puerta de salida. Entonces se abrió, cosa que le hizo detenerse de lleno. Dos oficiales entraron, en un principio, tras ello, dos más les siguió. Dan se apartó a un lado y se quedó asombrado y confuso sin apartar su mirada de ellos. -¿Scott Wilson? El agente mostró una placa sin detener sus pasos. -Si, soy yo. -Somos del departamento de inmigración, debe de venir con nosotros. Dos agentes le rodearon y lo sacaron de allí. -Esto debe tratarse de un error. Dijo Emily quien por un momento no supo que decir. -Échese a un lado, señorita. Sugirió un agente femenino. -Justo nos estábamos casando. No pueden llevárselo sin más. Reprochaba ella. -Ha solicitado una licencia de matrimonio de manera ilegal. Explicó un agente mientras se llevaban al joven Scott de la sala. -Todo saldrá bien, te lo prometo. Dijo él antes de ser sacado de la capilla. La música aun sonaba, de hecho parecía que el cd se había vuelto a repetir desde el principio. La misma canción en que ella hizo su entrada ahora él hacía la salida. -Lo siento. Dijo la fémina agente. Emily comenzó a llorar, tiró el ramo de flores al suelo y se sentó. Refunfuñaba dolida, el día más perfecto y maravilloso de su vida había sido saboteado. Dan se acercó a su amiga mientras miraba al sacerdote quien no sabía que decir. Se sentó junto a ella y la abrazó. Quizás no disponía de unas palabras de apoyo para aquel momento así que solo se limitó a consolarla entre sus brazos. Emily no paraba de llorar, su corazón estaba destrozado. El sol había cruzado toda la ciudad y se disponía a ocultarse entre los grandes edificios. Era una luz anaranjada, una luz que otorgaba paz. Algo que muchos hubiesen deseado haber obtenido en ese día pero solo una persona estaba a punto de conseguirla. Caminaba con los hombros abajo, su cuello apenas se mantenía erguido y aquel aspecto desaliñado era impresentable. Pero quizás eso tenía que ver poco visto donde iba a acabar. Se detuvo ante un vehículo antes de entrar al lugar. “El lugar”. Le resultaba más cómodo llamarlo así antes que reconocer que iba a pasarse casi toda su vida en la cárcel. Se miró y observó su reflejo. Sus ojos estaban hinchados de haber llorado, su pelo como habitualmente solía llevarlo y llevaba todo tipo de manchas sobre su ropa. Mientras tanto, ignorándolo por completo, era observado por la chica que supuestamente le hizo llegar a cometer tal sacrificio. Alice observaba desde la lejanía, casi al final de la calle, contemplando como el asesino de su madre parecía rendir cuentas. Driu caminó hasta el interior de aquel lugar y se sentó en una sola donde un cartel señalaba “Sala de espera”. No podía creerlo pero estaba a punto de hacerlo. Todo iba a acabar de la manera que menos insospechada. Nunca lo hubiese imaginado. Era como… -Rendirte-Alguien habló delante de él-Nunca lo hubiese imaginado. Driu alzó la mirada y observó como el chico pelirrojo se sentó a su lado. -Esto debe de ser una broma. Resopló Driu. -¿Este es tu final? Pues es de débiles. -No me digas que otra vez tengo mierda en la cabeza. Se rascó Driu la cabeza y apretó los ojos deseando que desapareciese. -No lo sé, yo solo estoy aquí por que me parece absurdo que después de tanto tiempo quieras acabar en este lugar. Driu miró alrededor asegurándose de que nadie cotilleaba aquella escena y entonces habló. Habló con la alucinación de Wemby como ya parecía haberse acostumbrado. -Lo hago por ellos, por todos ellos-Driu contuvo algunas lágrimas que parecieron empeñarse en brotar-Aunque también me servirá para calmar mi conciencia. Conseguir la paz que se merece. -Disculpa que te diga esto pero, vaya gilipollas que estás hecho. Wemby reía. -¿Eh? -Luchaste por mantenerte en pie durante la batalla y de pronto ¡Bang! Eres vencido. Las palabras de Wemby sonaban de manera tan contradictoria a meses atrás. -¿Qué quieres decir? -Este no es el camino que debes escoger. Tus fechorías ya fueron justificadas. -Fuiste tú quien me machacaste hasta la saciedad intentando hacerme sentir culpable por lo que hice en el pasado. -Me equivoqué. ¿No puede acaso una alucinación equivocarse? -Sino hago esto, Norb, Emily, Kathleen…todos pagarán por algo que yo hice. -¿Y desde cuando te han importado los demás?-Driu le clavó una mirada llena de desprecio-No me mires así, soy tú. -¿Cuándo piensas hacerlo? Ahora era otra voz. El de una chica. Y bastante familiar. Driu miró a su izquierda y observó como Alice se le acercó. -¡Alice! Yo justo… Su voz temblaba. -¿Vas a hacer o no lo que te dice el pelirrojo? Preguntó Alice señalando vagamente hasta donde se situaba Wemby. -Espera, es que tú… -Si, Driu. También estoy dentro de tu cabeza. Dijo Alice con tranquilidad. -Esto te va a resultar más difícil de lo que tienes planeado, Driu-Dijo Wemby-Has puesto todas tus esperanzas en el lugar equivocado, hacer esto no te servirá de nada. Es hora de buscar el verdadero camino que te lleve a tu triunfo. -Esto es de locos. Soltó Driu tirándose de los pelos. -Eres más fuerte que esto. Dijo Alice. -¡Tú! Tú apareciste en mi casa obligándome a hacer esto-Dijo Driu a Alice y tras ello enseguida se giró a su amigo Wemby-Y tú me dijiste que sería la mejor forma de aplacar mi sentimiento de culpabilidad. He sido machacado durante todo este tiempo… -Por tu consciencia, así es-Dijo Alice-¿No te pareció extraño que Alice te visitase de manera pacífica? Si hubiese sabido la verdad no haría algo así, hubiese buscado venganza después de tanto tiempo. Mira como actuó en aquel aparcamiento. -¿Insinúas que todo fue una alucinación? -A estas alturas sería difícil diferenciar lo que fue real y lo que no, Driu. Dijo Wemby. -Como el tio de anoche. Dijo Alice riendo. -Oh sí, esa fue buena. Ni falta te hace una paja cuando puedes crear tu propio tipo perfecto. Dijo Wemby. Driu comenzó a llorar. Unas lágrimas que eran expulsadas por desesperación y rabia. Todo aquello era tan confuso. -Llegaste a un punto en que disfrutabas creando aquel mundo. Te sentías a gusto haciéndolo. Pero es hora de afrontar la realidad, y no es esta. Dijo Alice. -Vete ahora. Sugirió Wemby sonriendo. Alzó la mano e intentó acariciarle la nuca. Por un momento pareció poder sentir como su amigo le acariciaba. Pero era producto de su imaginación. -¿No es esto lo que quiero? Preguntó Driu. -En absoluto. Entonces justo cuando había sido convencido, un agente de policía se le acercó. -¿Puedo ayudarte, chico? -No-Sonrió él-Ahora estoy bien, gracias. Se sacudió los pantalones y acompañado de aquellas dos figuras que una vez fueron sus amigos, abandonó la comisaría. Nada más salir a la puerta, se detuvo y respiró. Ahora si que se sentía bien. -Suerte, amigo. Animó Wemby. Caminó por la acera alejándose de aquel lugar que casi podría haber acabado con su vida. Andaba feliz, impulsándose con las puntas de los pies y con su barbilla bien alta. Llegó a un cruce y pensó en que haría entonces. La boda de su amiga Emily, se la había perdido, pensó. Seguro que ya había acabado. Y que sin duda ahora sería una mujer feliz. Tenía que buscar un plan para terminar ese día. Cruzó la calle en cuanto vio como el semáforo lo avisó en verde. Entonces apareció su plan, lo distrajo a mitad de su trayecto, un vehículo que torció la esquina a toda velocidad y sin detenerse por un segundo, lo arrebató. Apenas dispuso de tiempo, podría haber saltado, podría haber corrido pero fue algo que no lo previó. “mi coche” Fue lo único que se le pasó en por la cabeza. Un golpe seco, con la parte delantera la cual hizo alzarse en el aire por encima del vehículo y tocar entonces el frío y duro asfalto. La gente observó escandalizada, Driu no se movía y el vehículo no detuvo su marcha hasta el final de la calle. Frenó de lleno. Alice, que era quien conducía el vehículo, contempló con excitación la escena y al ver como aquello se llenaba de curiosos. Se fue. Allí estaba, observado por decenas de personas, con los ojos abiertos observando como curiosos todos le miraban. Sangraba por todos los orificios, su nariz, su oído, su boca, algo que en absoluto le agradaba. No podía moverse. Y apenas pensar. Quizás, ese era su plan. Whitelust Creek, esa era la calle donde yo vivía. Y todos ellos, esos rostros que una vez acaricié, besé o golpeé, fueron mis amigos. Personas con quien compartí mi vida. Cuando estábamos juntos todo parecía tan perfecto, todos parecían disponer de ilusiones y deseos en la vida. Sueños para un futuro. Si pudiera, ¿Les alertaría de lo que se encontrarían en el camino? ¿Les ayudaría a no cometer los errores que una vez cometieron? No, desde donde estoy ahora puedo ver y comprender claramente el camino de cómo hay que recorrerlo. No me resultó terrible morir. No me molestó o frustró por terminar una vida que parecía que nada más había comenzado. Esas cosas no ocurren cuando sabes que has vivido. Y creedme, yo la he vivido.
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4x05-El castigo purifica
Emily Lambert no quería lo mismo que los demás en la vida. O al menos se convencía de ello. A lo largo de su vida había conocido personas que querían lo mismo, perdón, amor y alguien en quien refugiarse. Ella intentaba creer que era diferente, pero eso se esfumó cuando tuvo su primer novio, Adolf Thomas, un ser despreciable que la menospreció o Adam Cooper, un chico que la apartó de lo que buscaba…Era así como, Emily Lambert, empezó a necesitar alguien a su lado en sus momentos más solos. Llegado el momento, la parte más difícil que veía una vez establecía una relación con algún chico era… Presentárselos a sus amigos. -Hola. Saludó el chico con educación y amabilidad sin apartarse del vehículo. Extendió la mano y ofreció a que alguno de ellos se la estrechara. -Yo mismo, soy Driu. Se adelantó él con unos perezosos pasos. -Un placer. -Yo Norb. Siguió. -Dan. Dijo alzando la mano. Todos se quedaron en silencio, mirándose unos a otros. En realidad, llegando la tarde que estaba, aquella calle estaba sola. Quizás los pájaros adornaban de manera insignificante con sus cantos. Eso, y un extraño pitido de manera intermitente que aparecía de vez en cuando. -Bueno, él ya os conoce a todos. Quiero decir-Explicaba Emily que estaba justo a su lado sin despegarse-le he hablado de todos vosotros a Scott. -Que bien. Dijo Driu mirándolos a todos. -Y bueno, pues…aquí está. Dijo Emily la cual parecía incómoda. -¿Y por que tanto secretismo? Llevas con él… ¿cuanto? Preguntó Norb con curiosidad. -Dos meses. Afirmó Scott. -Dos meses, que interesante. Dijo Driu con la boca abierta mirando a Dan a la vez que reía. -Bueno, quería presentároslos antes pero no sé… -Que bien se lo ha montado la zorrilla. Interrumpió Driu entre murmullos recibiendo una mueca de su amiga. -En fin, yo tengo que irme. Un placer. Dijo Norb con una sonrisa. -Si, yo tengo que…bueno, visitar a una en la cárcel. Añadió Driu. -Y yo tengo que ir a que me arreglen esto-Dijo Dan alzándose el pantalón descubriendo su dispositivo en el tobillo-lleva con ese insufrible pitido toda la mañana. Nos vemos. Emily se quedó plantada allí de pie junto al chico con una sensación que no sabía como plasmar en su rostro. Scott le miró y le abrazó. -Pues ahí están-Dijo ella incómodamente-esos son mis amigos. -Ya veo…ya veo. Muy majos, si. Nunca lo había confesado pero en muy el fondo, realmente, Emily pensaba que eran sus amigos quienes solían malograr sus relaciones. Una experiencia extraña. Pero desde aquel momento, justo cuando sus amigos demostraron un total desinterés por el asunto, Emily sintió un alivio creyendo así que esta vez funcionaría. Lo dijo en voz alta, “tengo que visitar a una en la cárcel”, la verdad es que no pensó en aquello cuando lo dijo. Podría haberle molestado a Dan pero pensó luego en ello. Justo cuando llegó a aquel lugar. Tuvo que cruzar varias salas hasta llegar a un lugar que no le resultó agradable. El oficial le sugirió que esperase sentado mientras la persona a quien venía visitar llegaba. Así fue pasado unos minutos. Charlotte, con un mono naranja, entró de manera desaliñada por la puerta. El alguacil le quitó las esposas y acariciándose las muñecas se lanzó a los brazos de su amigo Driu. -Siento no haber venido antes. Dijo Driu. -No pasa nada. -¿Cómo estás? -Agobiada y muy asustada. Dijo ella entre resoplos tomando asiento. -¿Te han dicho que es lo que tienen? -Una mujer-Dijo Charlotte lanzándose el pelo hacia atrás a la vez que jadeaba-Aquella noche nos vio salir del barrio seguido por el coche de Jasper. Las cámaras de seguridad de una gasolinera lo han confirmado. Vieron como Evan compraba unas palas y bolsas en ella. Esto es una pesadilla. -¿Podríais haberlo hecho peor? Preguntó Driu con un tono irónico. -Driu, por favor. Rogó finalizando su comentario el cual parecía sobrar. -¿Qué hay de tu familia? Carraspeó. -Mis abuelos no se hacen responsables de esto. Ojala mi hermano no se entere. -Aun no he visto nada relacionado en los periódicos locales. -¿Sabes algo de Evan? -Pensaba ir a verlo ahora. Lo detuvieron el mismo día que a ti. Le acusan de cómplice de homicidio. Aquel lugar le daba grima, lo demostraba de vez en cuando encogiéndose de hombros y resguardando sus manos entre las piernas. -¿Harías algo por mi? -Charly, no creo… -Por favor-Rogó ella con desesperación-Lo necesito. -Te dije que no quería verme involucrado en esto. No puedes pedirme nada. -Es cuestión de tiempo de que consigan una orden del juez para registrar nuestras casas. -¿Acaso quieres que me acusen de cómplice? Farfulló. -Una sola cosa, solo quiero que hagas una sola cosa. Por favor. -A ver, dime. Dijo con recelo. -Tienes que ir a casa de Evan, coger unas cosas que él guarda y deshacerte de ellas. -¿Pruebas? -Las únicas que probarían nuestra culpabilidad. -¿Y como pretendes que haga eso? -Cuélate. Evan estará de acuerdo. -Tia, esto es una locura. Dijo Driu estrujándose el pelo. -Es lo único. -¿Pero que hay de las cámaras de seguridad? ¿Del testimonio de esa mujer? Os vio-Charlotte miró hacia otro lado mientras Driu preguntaba cosa que le hizo llegar a una conclusión-¡OH Dios! -¿Qué? Preguntó ella sin mirarlo. -Esas pruebas solo te absuelven a ti. Quieres que me deshaga de las pruebas que te incriminan solo a ti. El resto… -Evan prometió algo, que me protegería. Si se lo expones todo. -¡No pienso hacer nada de eso! Se levantó de golpe de aquella silla y la miró con repugnancia. -Él… -Es mi amigo-agregó antes de que continuase, estaba completamente alterado-No puedes pedirme que lo condene a él por algo que no hizo. -¡Él lo mató! Pareció enloquecer de pronto. Algo que Driu no reconoció. Charlotte golpeó la mesa con furia y lo miró con sus ojos negros. -Esto te está sentando mal. -Vale, vale, perdóname. Esto puede conmigo, me supera. -No tengo nada para ayudarte. No voy a inculpar a Evan para salvarte a ti. Sus cejas demostraban compasión aunque más que nada es lo que pensaba mostrar para no delatar el miedo que ya estaba sintiendo. -Escúchame Driu…-Él miró hacia la puerta e hizo una señala al alguacil para que abriesen la puerta, aunque este no pareció entenderla-…ayúdame con esto o te arrastro conmigo. -¡Há! ¿Me estás amenazando? Ella gritó. Parecía desesperada y no controlaba lo que decía. Algo más profundo hablaba por ella. -Sé lo que hiciste con esa mujer. Masculló. -¿Y? ¿Qué vas a hacer con eso? -Puedo contárselo a todos. Sus ojos brillaron. Algo que molestó bastante a Driu. -¿Lo tienes grabado? ¿Te lo escribí en alguna parte? Una lástima, me parece que eso no va a colar conmigo. La puerta se abrió en aquel momento. Driu se dirigió a ella mientras Charlotte le miraba con rencor. -¡Maldita sea!-Gritó-¡Ayúdame! -He hecho todo lo que he podido. -Te arrastraré conmigo. Señaló. La puerta se cerró mientras el uno de los oficiales entraba para esposarla. Parecía moverse con locura resistiéndose a ser inmovilizada. Driu miró por ultima vez, encontrándose con su mirada, y este pronunció sus ultimas palabras “Lo siento, adiós”. Ella pudo entenderlo perfectamente aquel movimiento de sus labios. Nach Baker, aquel chico que una vez enamoró a Norb y que parecía tener una vida perfecta. O eso esperaba que fuese. Cuando Norb le dejó, Nach volvió a su ciudad dejando de lado todo lo que apuntaba hacia su chico. Una vez lo pensó mejor, con una mente más clara, decidió que aquello había sido un error por su parte y que lo mejor que podía hacer era hacerle entender que se había equivocado. Por eso ahora había vuelto. Miraba desde una cafetería al chico, con sus gafas de sol puestas de manera perezosa sobre su nariz. Norb miró a sus lados antes de cruzar la carretera y Nach se ocultó tras una revista que tenía a su lado mientras lo observaba por una pequeña rejilla en el papel. Pasó por delante de él y vio como saludaba a alguien. Entonces, desde muy cerca en aquella misma cafetería, continuó observándolo. -Tio, Jude ¿Esta cafetería? Se quejó Norb. -Me gusta, hacen unos muy buenos cafés. -Claro, hemos venido por los cafés. -Bueno, ese tio de ahí no para de mirarme desde que me senté-Jude señaló hacia la mesa donde estaba Nach-Y aunque le he visto poco, parece muy guapo. -Y el camarero, a ti te parecen todos guapos, Jude. Dijo Norb riendo. -¿Qué quieres? ¿Sabes lo que me cuesta ligar? Últimamente no sé que me ocurre que algo impide que tenga a alguien entre mis muslos. Algo debe de echarles para atrás. -El sábado pasado, el moreno alto que no paraba de hablar de penes de goma. -¡Ves! El sábado, hace casi como una semana. -¿Y es que quieres un tio cada día? Carcajeó Norb. -No estaría mal. -Quizás sea solo yo pero no pienso en ello últimamente, el trabajo me tiene distraído. -Eso parece bueno-Jude se sacó un cigarrillo y lo encendió-Aun así, creo que voy a ligar con el tipo de aquella mesa. -Estate quieto, hazlo cuando yo no esté. -Mira Norb, no para de mirar discretamente por esa revista. Me desea. -Claro que si, Jude. Te desea. Susurró con un tono cómico. Norb miró centrándose en cada detalle de aquel chico. Analizó con detenimiento lo que tomaba, miró con atención las manos y le resultó familiar aquel calzado. “No es posible” pensó. Aunque estaba claro que si que podría ser posible. Por eso se levantó de la silla farfullando todo tipo de picardías hasta llegar a la mesa y quitarle bruscamente la revista que le ocultaba la cara. -¡Tachan! Dijo Norb mirando hacia su amigo Jude quien se quedó boquiabierto tras la acción de su amigo. -¡Norb! Que casualidad. Dijo Nach. -De casualidad nada, gilipollas. ¿Me estás siguiendo? -¿Seguirte? ¿Por qué tendría yo que seguirte? No eres tan especial como crees. He pasado página. -Por favor, ¿Has pasado página? Es evidente que estás aquí por que me has seguido. -Estoy aquí por que me gusta beber té. Ya sabes como me gustan. -No eres de esta ciudad, vives a 200 kilómetros de aquí. No cuela que vengas a tomarte un té aquí. -Quizás me haya mudado. -Tio, olvídame de una vez. No voy a volver contigo, deja de malgastar tu tiempo. Nach sonrió y él le golpeó la mesa con coraje antes de volver a su asiento. -Oh dios mío, maricon. ¿Es ese tu ex? No podía cerrar la boca del asombro. Era como si quisiera encajar una sonrisa con su gran boca abierta. -Sí, Jude. Es él. Y deja de llamarme maricón. -No me lo puedo creer. -Lo sé, ¿A que ahora te sientes asqueado tras haberlo deseado entre tus piernas? -No es eso, sino que…uf. Dijo abanicándose con la mano. -Venga ya, Jude. Para de hacer eso y cierra la boca. Sugirió Norb. -¿Sabes que ese tipo se enrolló con Niall el otro día? -¿Eh? Preguntó Norb confuso. -Sí, y con Eric. Bueno, creo que a Eric se lo folló. -¿Qué mierda me intentas decir? -Se ha estado paseando por el campus desde hace tiempo. Trama algo. -¿Liándose con mis amigos? -¿No es evidente? Pretende hacerte daño. -Pues no me afecta en absoluto, Jude. ¿Pedimos café de una vez? -Tienes que atacar. Tienes que contrarrestar esto. Dijo Jude. Su ánimo cada vez se veía más y más en aumento. Aquella situación le estaba motivando. -No voy a rebajarme a su nivel. Dijo Norb alzando la mano con desinterés. -Ven, bésame-Jude agarró a Norb del cuello de su camisa y lo arrastró hasta su boca-Voy a enseñarte como se solucionan este tipo cosas. Empezó a besarlo enlazándolo por el cuello, después de aquello le acarició el cuello y la cara hasta que acabó por posar sus manso en las caderas. Estaban sentados, no era algo que facilitara aquello pero no parecía molestarle. Norb se dejó llevar, respondió con sus labios ferozmente. Nach observaba, y por la inclinación de sus cejas parecía que aquella situación le estaba molestando. Y bastante. Se levantó de la silla dándole un golpe a la mesa con su rodilla y derramando todo su contenido. Tiró aquella revista con furia al suelo y volvió a mirar aquella escena. Continuaban besándose, como si estuviesen pegados. Lo soportó más. Se fue de allí. -¿Lo has visto?-Preguntó Jude separándose-Ya está todo hecho. -Eso veo. Dijo Norb encajando el cuello de su camisa. -Estas mariconas, es como si llevasen un manual. -Genial, está claro que sabes como moverte en el campo. Pidamos café. Propuso Norb. -O podrías besarme. -Ya se ha ido. Señaló Norb. -¿Y? Norb sonrió viendo como su amigo se mordía el labio inferior. Quizás aquello no estaba tan mal. Quizás debería de aprovechar, ya puestos. Esta vez fue él quien lo agarró del cuello y se lo acercó para continuar aquel beso.
La noche caía, en especial en invierno donde rápidamente el sol se escondía y se notaban las frías temperaturas. Para Dan, no era ningún problema caminar por la ciudad y recibir miradas de aquellas personas que le deseaban desgracias. En el fondo, él sabía que algún día todo aquello lo olvidarían. Su integración a la sociedad, aunque al principio creyó que sería difícil, no le resultó un problema. Aunque si había lago que le molestaba. A causa de aquel dispositivo que marcaba su seguimiento, tenía su espacio muy limitado. Era extraño caminar hasta cierto punto y no poder sobrepasarse, aunque eso no le impedía divertirse o conseguir lo que quisiese. En el radio que le estaba establecido, Dan podía encontrar todo lo que quisiese. Aunque estaba apunto que no fuese así. Estaba acompañado de su buen amigo Driu cuando compraban y reían en aquella tienda de variados. -¿Y lleva solo una semana?-Preguntó Dan riendo-Tu amiga aun no sabe lo que le espera allí dentro. Oí que algunas mujeres presas son más salvajes que los hombres. -En realidad siento lástima por ella. Pero tio, reventó en locura. Nunca la había visto así-Se acercó a un expositor de gafas y se colocó unas de un tono celeste y grandes cristales-¿Te molan esta? -Más bien, estas-Dijo Dan escogiendo otras y colocándoselas-Te dará un toque a Bono. -En fin, parece que tuvo la absurda idea de que arrastraría a Evan por ella. Driu se quitó las gafas y las lanzó de manera aleatoria por el lugar. Continuaron caminando hasta la calle. -¿Ayudarás a alguno de los dos? Preguntó Dan con curiosidad. -Lo dudo. No puedo hacer nada. Hacerlo sería implicarme demasiado-Driu se acarició la frente con desasosiego-He tenido suficiente con lo mío. -No fuiste tú el que acabó en la cárcel. Silbó Dan. -Vale, sí. Ya sabes lo que quiero decir. -Deja de enmarronarte. Que apechuguen con ello. -Es lo que intento, ¿No ves lo estable que estoy? -Sin duda. Ambos caminaron por la calle hasta un parking cercano donde Driu tenía su vehículo aparcado. Soplaba una brisa fría que parecía molestarles pero no por ello en cuanto llegaron a su coche se introdujeron en el. -¿Echamos uno? Dan sacó un pequeño canuto liado que olisqueó vagamente antes de encenderlo. -Como los viejos tiempos, di que sí. -¿Qué opinas de Mariam? Dan lanzó el humo con lentitud saboreándolo. -¿Qué opino yo? Eres tú quien se la ha follado. Cogió el porro entre sus manos y absorbió sin pausa doblemente. -Ya lo sé, estuvo genial. A esa tía le va la marcha. -Tio, si de eso se enterase Kathleen reventaría en ira. -Fue ella quien me buscó. -Parece muy especial, esa chica. A mí se acercó y sin más me regaló droga. “Mi héroe”-Lo soltó intentando imitar la voz de la chica- ¿De que coño irá? -No sé, es como si fuese Kathleen pero doblegada. ¿Sabes? Algo así como un sub-yo; más mala, más zorra, más problemática… -Si, Dan. Te he entendido. Driu volvía a tener el porro entre sus manos. Miró al cielo y exhaló su última calada antes de tirarlo. -Dos calles más allá-Dan señalaba hacia unos edificios altos, estaba apoyado sobre el capó de un coche-Fue donde decidimos que hacer con tu coche. -Aquella noche-Rió Driu-Parecía tenerlo todo bajo control. La verdad es que Kathleen se dejó el culo por ti. -Debí haberla tratado mejor. -¿Te arrepientes? Preguntó Driu mordiéndose la lengua. -No mucho, ya sabes. Mientras hablaban, totalmente distraídos y colocados por aquello que habían fumado, alguien se les acercó. De manera sigilosa y se posó allí de pie mirándolos. Parecía que ellos no se percataban hasta el momento en que arrastró sus pies por el suelo y dejó caer el bolso que llevaba en el hombro. -Hijo de puta. Los dos, muy sorprendidos por aquel comentario, se exaltaron y miraron a aquella persona. -¡Uoh! Soltó Driu. -¿Qué coño quieres? Preguntó Dan. Driu le miró e intentó callarlo con la mirada. -Hola Alice, hacia tiempo que no te veía. No pareció escucharle, aunque quiso distraerla con aquel saludo ella se lanzó a por Dan dándole un fuerte empujón que lo tiró al suelo. -No sé como puedes estar en la calle. -¿Qué mierda haces? Preguntó Dan confuso. -Deberías estar muerto, encerrado hasta que te pudrieses. Driu intervino pero de poco sirvió. Parecía tener también para él. -¿Y tú? Desgraciado. Deberías estar encerrado con él. Acepté que encubrieses a tu amigo, que respondieses como tal. Hasta ahí pude comprenderlo. Pero, ¿Recibirlo con los brazos abiertos a su salida? -Cálmate, Alice. Por favor. Rogó Driu. -Es un insulto a la memoria de mi madre. Un insulto a la amistad que una vez tuvimos. Driu miró ha su amigo que parecía aun no haberse puesto en pie. Aunque si entender aquella situación. -Oye tia, cálmate ¿Vale?-Dan pareció no escoger unas palabras adecuadas, como iba a pensar que calmaría a la hija de la mujer que supuestamente mató. Era de locos-Deja de hablar así a Driu. -¡Mataste a mi madre! Fue un grito que resonó en todo aquel aparcamiento. -Vale, Alice-Driu se interpuso antes de que ella lograse golpear de nuevo-Vamos a relajarnos. -Pasa página. Dijo Dan. -¡Dan, por favor! No ayudas nada. -Sois una basura-Dijo Alice alejándose de ellos-Total y absolutamente para esta sociedad. -¿Podemos hablarlo de una manera pacífica? Preguntó Driu con las manos en alza. -Muérete, Driu. Aquellas palabras fueron acompañadas de un escupitajo sobre el rostro del chico. Fue algo que no se esperaba, algo tan impredecible que no supo como reaccionar. ¿Acaso se imaginaba que alguna vez iba a volverse a encontrar con ella? Ni por asomo. No supo mucho que decir o hacer, aunque sintió un especial desasosiego empujando a su conciencia que no le resultó nada agradable. -¿Te lo puedes creer? Preguntó Dan. -No. Bufó Driu. Era algo de lo que sin duda se iba a volver a hablar. Y es lo que ocurrió cuando llegaron a casa, subieron hasta la habitación de Norb y lo primero que soltó a su hermano fue: -¡La ostia! Mezcló a la vez aquel miedo con un extraño nerviosismo por la situación vivida. -Con un poco de educación llegarías a llamar antes de empujar de la puerta. Dijo Norb girándose en su silla que le tenía entretenido con su ordenador. -Venga ya, Driu. Que exagerado. Incluyó Dan cerrando la puerta. -¿Pero que os pasa? Preguntó su hermano. -Alice, estábamos tranquilamente cuando se nos ha acercado de manera agresiva. -¿Qué Alice? Preguntó confuso. -La prima que tienes en Canadá, ¿Cuántas Alice conoces? Driu parecía nervioso mientras que Dan no controlaba una desganada risa. -Alice Bradley, ¿No había dejado la ciudad? -Esa tia está loca-Intervino Dan-Apareció de la nada como un Ninja y luego todo fue… -¡Dan, coño!-Gritó Driu-Para de una vez. -¿Pero que te ocurre a ti? Preguntó Norb. -¿Sabes lo difícil que me ha sido enfrentarme a esa situación? Su mirada mostraba rencor, nos odia a todos. -¿Y desde cuando te importa a ti que la gente te odie? Preguntó Dan. Driu bufó. -¿Apareció sin más? Preguntó Norb. -Pudo influir bastante el hecho que estuviésemos en un bazar de chinos. Dijo Dan. -No tiene gracia. No lo sé, estábamos en el aparcamiento cuando apareció de la nada. -Se habrá enterado de que Dan está con nosotros y todo ese rollo. -Y la ha puesto furiosa. Acreditó Driu. -Vale, ya está-Dijo Norb-No va a pasar nada, está enfadada. No te va a perjudicar así que voy a distraerte con otro tema. -Poco nos importa tu vida, vamos Dan. Animó Driu a marcharse con un total desinterés por lo que iba a hablar su hermano. -Nach me acosa. -¿Qué Nach? Preguntó Driu estúpidamente. -Tu pariente el de… -Si, si, ya. Una broma muy usada. ¿Qué te acosa? Interrumpió Driu. -¿Le damos una paliza? Preguntó Dan. -Buena sugerencia, Dan-Dijo Norb riendo-Justo lo que te hace falta. -¿Te ha hecho algo? -Que va. Me sigue a algunos lugares, se mueve por donde me muevo…se ha enrollado con alguno de mis amigos. -Cuanta madurez. -Y está claro que quiere algo. -Pues pasa de él. -Es lo que hago. -¿Entonces? -No sé, solo quería contarlo. -Si, no está mal. Driu salió por la puerta sin ganas de oír más. Le resultaba insignificante con todo lo que se estaba debatiendo en su mente. Se coló en el baño y cerró asegurándose de que no pudiesen abrir. Se sacó su pequeño frasco de píldoras del bolsillo y se tomó una. -¿Qué mierda me pasa?-Se preguntó ante el espejo-Se supone que esto ya ha pasado, ya está fuera. “Está fuera” es lo que se repetía una y otra vez apoyado sobre el lavabo. -Intentas convencerte. Tras escuchar aquello se volvió, le puso nervioso y miró rápidamente tras la cortina de la ducha. La última vez encontró a Wemby, no sabía a quien se iba a encontrar ahora pues la voz que escuchaba parecía ser la suya. “¿Quién eres?” Lo preguntó varias veces pero nadie contestaba. Volvió a acercarse al espejo y se miró. -Relájate. Cualquiera diría que no eres el mismo. Su reflejo estaba hablando. Tenía vida propia, él no podía controlarlo. Se desperezó con ligereza y sacó un cigarrillo el cual no dudó en encenderlo. -Estoy volviéndome loco. Dijo Driu asustado. -Que va, ojala. Eso molaría. En realidad es algo más complejo. Lanzó el humo y pareció salirse del espejo. -Estoy alucinando. -Pues claro. ¿Puede tener esto otro nombre? -¿Por qué ahora hablo conmigo mismo? -Bueno, no sabría contestar muy bien esa pregunta. Solo soy tu subconsciente-Volvió a dar una calada al cigarro y entornó los ojos-Has cambiado, tio. Soy ese Driu que has escondido en lo más hondo con el miedo a que trajese problemas. Voy a decirte algo colega, no me he ido. Y no pienso hacerlo. -Sigo siendo el mismo. -Más débil, vulnerable…eres como la madre teresa pero sin ser viejo. No lograrás nada siendo así. Menos aún con todo lo que está por llegar. -¿Qué se supone que debo hacer según tú? -Recuerda quien eres, Driu. Eso no está mal de vez en cuando. -Sé quien soy. -¿Lo sabes? Aquella noche se fue a dormir pensando en todo aquello. Por mucho que le diese vueltas no comprendía el sentido que podía tener. Odiaba sentirse así. A la mañana siguiente, nada más amanecer, alguien llamó a la puerta. Norb solía despertar muy temprano, siempre y cuando no trabajase la noche anterior. Aquel día lo había tenido libre. Se acercó a la puerta arrastrando los pies y abrió. -¡Buenos días! Era Emily, alzando una jarra de zumo de naranja y en su otra mano una bandeja con bollería. -¿Eh? ¿Qué es esto? -¿Te apetece desayunar un sábado por la mañana? -Espera que estoy asimilando este momento. Dijo Norb con la mano posada sobre su cara con asombro. -Zumo recién exprimido y bollería recién horneada. -¡Oh Dios! Ese hombre te ha convertido en una ama de casa. -Venga ya, Norb. Estoy simplemente feliz. -¿Y drogada? Preguntó Norb aun dudoso. -Me apetecía que desayunásemos juntos, ¿Vale?-Dijo Emily caminando hasta la cocina-Hace tiempo que no hacemos nada así. -Es como ver a otra tú, pareces más confiada. Dijo Norb cogiendo un bollo y sentándose alrededor de la mesa de la cocina. -Me siento diferente, ¿Sabes? Scott es el hombre que siempre he estado buscando. -Que bien. Dijo Norb con desinterés. -En serio, me siento tan segura con él. -Lo que no sé a que ha venido tanto secretito. Todo esto que estuvieses tan ausente me resultaba extraño pero tampoco quise darle demasiada importancia. De ahí a que tuvieses un novio secreto… Masticaba despreocupándose de los trozos que caían sobre la mesa. -No sé, quizás es que no quería precipitarme. Ella se sentó para acompañarle mientras vertía zumo sobre una taza. -Bueno, supongo que todo esto merece una celebración. Te vienes a la fiesta de esta noche. Dijo Norb mientras que Emily parecía no recibir con demasiado entusiasmo la noticia. -¿Fiesta? ¿Qué fiesta? Lo estamos celebrando, bollos y zumo. Señaló ella confusa. -Si, claro-Dijo Norb alzando el bollo-Suena que te cagas. Esta noche hay fiesta, invita a Scott ¿No? Para entablar algo más con él. -No creo que pueda, Norb. Si esto de las fiestas… -Buenos días-Fue interrumpida. Driu acababa de entrar en la cocina-La encantadora, encantadora Emily, ¿Qué polla haces aquí? -Driu, que estoy comiendo. Indicó su hermano. Le dio un beso en cada mejilla y cuando pareció retomar la conversación, nuevamente fue interrumpida. -Buenos días. Era Dan, entró en ropa interior a la vez que bostezaba y se desperezaba. -Hola. Dijo ella. -¿Qué haces por aquí tan temprano? Dan la abrazó por detrás y la besó en la mejilla. -Vine a traer algo para desayunar juntos. Contestó ella. -No se hable más, esta noche hay fiesta. Aportó Norb. -Eh, este Norb está irreconocible. Dan se quedó sorprendió, aunque durante poco tiempo mantuvo su dedo señalándole, luego continuó hurgando en la cesta llena de bollos. -Intenta hacerse el guay. Dijo Driu riendo. -Lo que tú digas, avisaré a los demás. -Norb, yo no creo que pueda ir. Dijo Emily. -Te callas y vienes. Soltó Norb apuntándola con el dedo. -¿Y estos bollos? Están quemados. Expresó Dan con repugnancia cogiendo uno por uno y devolviéndolos a la cesta. -Pues el zumo tiene a cada grumo que ahoga. ¿Quién lo ha hecho? Escupió Driu sobre el interior del vaso. Emily suspiró y se acurrucó en sus brazos. Era sábado, estaba claro que era sinónimo de “fiesta” así que todo el mundo pensaba en lo mismo. En su mayoría, la juventud. Cameron recibió durante la mañana un sms de Driu, quien le invitaba a algo grande en la noche. Esta no dudó en contar con su amigo Erwin, el obsesionado de las telenovelas que enseguida aceptó. Los amigos de Norb estaban completamente informados, y eso posiblemente sirvió para que Nach estuviese al tanto de ello. Siobhan, el chico de piel oscura esperaba ir acompañado de alguien así que hizo lo posible por que su amigo Glyn le hiciese compañía. No podía faltar y menos aún en cuanto supo de las personas que harían presencia. Miraban escaparates, indecisas pero llenas de avaricia, cuando recibieron la noticia. -Norb nos invita a salir esta noche. Insiste en que ambas vayamos. Dijo Kathleen mostrando a su prima el mensaje que había recibido. -Una fiesta, es lo clásico ¿No? Llegado el sábado es lo que se supone que se debe hacer. Dijo Mariam. -Ya, pero ya sabes quienes estarán. -Me gustan tus amigos. Afirmó Mariam con una sonrisa. -No he dicho lo contrario. -Intentabas mostrar lo incómoda que te sientes en su presencia. Relájate, todo está bajo control. -No me he quejado. -Da igual. Mariam cogió a su prima del brazo y tiró de ella para meterla en una de las tiendas. Enseguida fueron recibidas por la dependienta pero parecían no querer ser molestadas. -Buenos días. Dijo la señora con amabilidad. -En Nueva York suelen servirme algo mientras observo el material. Suele inspirarme para comprar. Expresó Mariam con un aire de superioridad mientras caminaba y daba de lado a la dependienta. -Esto no es Nueva York, no esperes que hagan nada de eso. Susurró Kathleen mientras pasaba su mano por aquellos vestidos de seda. -Que tal… ¿Un café? -Lo siento querida, no servimos cafés aquí. Dijo la dependienta. -Me temo que poco voy a sacar de esta tienda. Dejó caer con desprecio. -¿Qué te parece este? Kathleen acababa de coger un vestido de un tono rosado pastel que apegó a su cuerpo para mostrarlo a su prima. Aunque esta parecía más interesada en amargar a la dependienta que en aquellos vestidos. -Que difícil me lo pones, prima. -¿No te gusta? -No es eso, es solo que…oh. De pronto soltó un suspiro que parecía haberla dejado sin aire. Se tambaleó hasta posarse en los brazos de su prima y se dejó caer por completo, de manera flácida. -¿Mariam? ¿Estás bien? Kathleen estaba preocupada. Y su prima no respondía por lo que hacía que su preocupación se acrecentara. La dependienta se acercó las miró, a ambas. -¡Llame a una ambulancia! Gritó Kathleen. La señora corrió despavorida por la tienda hasta llegar al teléfono. Justo entonces, Mariam abrió sus ojos y volvió a incorporarse como si nada hubiese ocurrido. -Pero que coño… Soltó su prima confusa. -Así suelo comprar en Nueva York, en realidad este es el plan b, habitualmente uso lo del café. Se arregló el pelo con un ligero movimiento y observó unos cuantos vestidos que no dudó en cogerlos. -¿Vas a robarlos? Kathleen parecía escandalizada. -Cálmate, no es nada que seguro no hayas hecho antes. Es este rosa el que te gustaba, ¿No? Preguntó cogiendo uno más y dejándolo caer sobre su brazo. -No, para de una vez. -Nos vemos en la esquina de esta calle. Mariam introdujo todos los vestidos de forma brusca en su gran bolso que colgaba en su hombro sin preocuparse si podía ser vigilada por cámaras o si la dependienta estuviese a punto de acercarse. Tenía claro que lo quería hacer. Salió con total naturalidad de la tienda y caminó por la acera. Kathleen, escandalizada por el acto atrevido de su prima la siguió asegurándose de que la dependienta no las seguía. -¿Pero de que demonio vas? Eso es delito. Preguntó Kathleen intentando alcanzar sus pasos. -Oh por favor, como si eso te preocupase a ti. Dijo Mariam totalmente tranquila sin dejar de caminar. -Tengo dinero para pagar eso. -Ya lo sé, pero, ¿Ves?-Mariam asomó uno de los vestidos por el bolso-Te lo he ahorrado. Nunca se había sentido así, Kathleen nunca había sentido aquella sensación de responsabilidad y temor por no hacer las cosas correctamente. Estaba claro que era una mujer atrevida, ¿Alguien podía dudarlo? Lo era. Aunque al ver como otras personas lo hacía llegó a comprender que quizás no parecía tan divertido visto desde otro punto. Evan llevaba 8 días en aquella prisión. Los había contado, pero lo que no había tenido en cuenta quizás los que aun faltaban por transcurrir. Era la primera vez que estaba metido en aquel lugar, en una situación de tal extensión, admitía que en el pasado quizás había cometido actos que sin duda merecerían la cárcel pero que nunca le había llevado a ello. Había tenido suerte. Ahora era desesperante y más aun pensar que aquello tan solo acababa de empezar. Aquella mañana recibió una visita, su amigo Driu tenía que verlo. -Pensaba que no te iba a ver más. Dijo Evan. Tenía un rostro denigrante, su pelo parecía seco y su piel dañada. Sus labios estaban tan secos que cada vez que los rozaba parecían sonar como una lija. Las uñas de sus manos estaban mordidas, en algunos dedos incluso tenía pequeñas lesiones. Es lo que Driu pudo observar antes de hablar. -Pensé que sería bueno venir a verte. -Esto es… -¿Desesperante?-añadió Driu antes de oírle terminar-Lo sé, no sé como has podido verte metido en esto. -Debí haberte hecho caso, haberme alejado cuando supimos aquello. -Ya ves. -¿Cómo está ella? ¿La has visto? Preguntó Evan con interés. -Mal, tio, mal. -¿Tienes pensado que dirás cuando te llamen? -¿Cuándo me llamen? -Supongo que querrán que declares. -No, Evan, yo no me veré metido en vuestra mierda. Voy a estar totalmente al margen. -Pero Charlotte me dijo que tú lo sabías…quizás podrías… Sus ojos brillaban. -No voy a poder, lo siento. -¿A que has venido entonces? -Ha despedirme. -¿Qué? Aquello le resultó tan molesto que sus brazos se movieron solos para intentar golpearle. -Estás solo en esto. Supongo que te lo advertí. -¿Qué tú me lo advertiste? -O lo intenté. No veía nada bueno. -Eres un mierda, Driu. Puedes ayudarnos. Driu se levantó y le miró desde arriba. Lo negó con la cabeza. Se encaminó hasta la puerta y le volvió a mirar. -Y deja de pensar por los dos, ella no lo hace. La verdad es que no lo vio con claridad, estaba justo saliendo por la puerta cuando algo le pareció ver brillar deslizándose por la mejilla de su amigo. Estaba llorando. No es que fuese especialmente feliz, estaba claro que consideraba a Evan como un buen amigo pero aquello que hizo le aportó tranquilidad. Estaba tranquilo y supuso que eso era bueno. Fue aquella vez la última que vería a su amigo. La última vez que podría hablar con él. Se prometió mientras caminaba que no volvería a aquel lugar. Por muy egoísta que sonase aquello en su cabeza, él ya había tenido suficiente. E iba siendo hora que su vida fuese a ser la que era. Nada más caer la noche, las calles se infectaron de ruidosos vehículos, de personas caminando a diferentes partes de la ciudad y preparándose para lo que iba a ser una buena noche de fiesta. Los gemelos, Dan y Kathleen junto a su primera fueron los primeros en llegar aquella noche al local. Era un lugar espectacular, preparado para albergar al menos unas setecientas personas en su interior, lleno de focos por todos lados y con espaciosas pistas donde poder bailar. La música retumbaba en sus oídos dificultándoles la comunicación entre ellos. -No vendrá. Dijo Driu apoyando sus codos sobre la barra. -Lo hará, ya sabes como es. Dijo tranquilamente Norb. -¿Habláis de Emily? Preguntó Dan. -Ahá. -Ahí la tienes. Dan señaló hacia las personas que iban entrando en el local y allí iba ella incluida. Con su nuevo novio, tímidamente pero con una gran sonrisa en su rostro. -Ya decían por aquí que no vendrías. Soltó Driu riendo. Se le acercó para darle un beso en cada mejilla. Como era habitual. -Hemos tardado un poco. Hemos tenido que hacer unas cosas. Dijo incluyendo a Scott quien les miraba con una sonrisa imborrable en su rostro. -¡Pues que empiece la fiesta!-Gritó Dan alzando dos vasos que iban justo para sus manos. -¿Vendrá alguien más? -Si-Afirmó Driu saltando de aquel taburete-Acaba de llegar. Se alejó de ellos y se acercó a una chica que entraba acompañada. -¡Nancy! La abrazó con tantas ganas que la empujó unos pasos atrás- -Cameron, pero tómate tu tiempo. No pareció molestarle que le llamase así. -Ya sabes como me gusta llamarte así, te activa ese espíritu lesbianico. Dijo entre risas. -Claro-Cameron miró atrás y acercó a su amigo-He traído a Erwin, más que nada para que se sociabilice. Creo que ya os conocéis, ¿No? -Eso creo. Observó durante un rato al chico pero no le prestó mucha atención. -Yo debería ir eligiendo tetas. Dijo Erwin alzando los brazos. -Si, genial. Vete por ahí mientras yo hablo con tu amiga. Dijo Driu animándolo a mezclarse con la multitud. -¿Hablar conmigo? ¿Sobre que? Preguntó Cameron. -Ya sabes, estoy que “alucino” con tu presencia. -Oh. -Si. Mientras hablaban, Glyn entró entre la multitud con confianza y entusiasmo seguido de su tímido amigo Siobhan. -Que buen ambiente, ¡Eh! Gritó. -Me gusta. -¿Qué? -¡Que me gusta! Gritó Siobhan. -¡Ah, sí! ¿Te busco algo de beber? -Sí, claro. Mientras charlaban y se separaban en el centro de la pista, el grupo más cercano de amigos que Norb había hecho en los últimos meses hacía su entrada. Con Jude en cabeza quien parecía dar ordenes de lo que se debía de hacer. Aunque nadie le escuchase. Enseguida, Niall se separó del resto, Eric saltó a bailar y Tom se acercó a uno de los sofás de la zona más tranquila del local. Jude fue directo hacia Norb que lo había visto desde que entró. -¡Que tal, cariño! Se lanzó a sus brazos haciéndole derramar su bebida. -¡Jude! Por favor. Norb lo aportó riendo incómodamente. -¿Y quienes son estos? Señaló a todos los que le rodeaban. Dos chicas apartadas, Kathleen y Mariam que le miraron con desprecio, Dan que parecía reírse y Emily acompañado de Scott. -Mis amigos. -Soy Jude. Todos saludaron al unísono. -¿Has venido con los otros? -Y se han repartido por ahí en busca de sus presas. -¿Crees que…? Ni siquiera formuló completamente la pregunta, incluso fue susurrada pero su amigo acabó contestándola. -Sí, lo he visto en la cola. -¿Mismo plan? Preguntó Norb. -Siempre y cuando yo disfrute. Jude sonrió y lo besó. -Maricones. Farfulló Dan mirando a las chicas. La noche empezó a transcurrir con normalidad, el alcohol parecía crear estragos en la mayoría de los asistentes en el lugar pero eso no dificultaba que el resto se divirtiese. De eso se trataba aquella noche, de divertirse. Driu parecía no estar abusando de aquella noche, estaba sentado junto a Cameron en aquellos largos sofás que componían una gran parte de la sala y estaba bien. A gusto con aquello. -Pues si sigues con alucinaciones deberías de dejar el alcohol a un lado. Sugirió en aquel momento Cameron quitándole el vaso. -Solo me oigo a hablar a mi mismo, no me ha vuelto a sangrar la nariz ni todo ese rollo. Dijo él con tranquilidad. -¿Duermes mejor? -Absolutamente. Afirmó. -Entonces espero que apenas sea nada. En aquel momento se incorporaron un par de personas al sofá. Alguien se le sentó justo en frente, donde la mesa y el otro al lado de Cameron. -Driu. Era Glyn, estaba completamente sobrio pero parecía haber bailando pues estaba todo sudado. -Un gilipollas. Dijo Driu haciéndole carecer de importancia. -Estamos coincidiendo más que en todos estos últimos años. Dijo Glyn. -Ya ves. -¿Os conocéis? Preguntó Cameron. -Que va, ¿No ves de que trata todo esto? Está solo ligando. Sin posibilidades, pero está ligando. Dijo Driu. -Está bien, entonces veo que sobro. Dijo Cameron levantándose. -Que va, los que sobran son ellos. Dijo Driu al tiempo que veía como Siobhan se levantaba del sofá. -Nada de eso, liguemos. Siéntate Siob. Obligó Glyn. -Vale, me perderé un rato. Pareció encontrarse en una situación incómoda, Cameron prefirió marcharse aprovechándose así para buscar a su amigo Erwin quien sin duda estaría descontrolado por aquel lugar. Glyn le miraba sonriente, una sonrisa que estaba comenzando a incordiar a Driu. -¿Y que me cuentas? Preguntó Glyn. -Creo que menos que tú, mírate, estás calvo. No te hubiese reconocido ¿Cáncer? Preguntó Driu. -Se afeita la cabeza por que trabaja de gogó. Dijo de repente Siobhan. Pareció no poder controlarse a decir a aquello. Aunque a Glyn no le resultó nada gracioso, enseguida le clavó una mirada asesina que hizo mirar a su amigo al suelo. -¡Ah, gogó! Que interesante. -¿Sigues pegándole a la droga? -He dejado el vicio. -¿Qué tal el verano? -Ya sabes como suelen ser los veranos, calurosos y sudorosos. -Llegó a mis oídos que sufriste un pequeño percance. Driu abrió los ojos pero enseguida los entornó. -Nada que no se superase. Driu encogió la barbilla quitándole importancia a algo que perfectamente sabía donde acabaría si continuaba. -Violación. Hay que ver como le gusta a la gente hablar. Aunque esta vez te encargaste de llevarlo oculto ¿Tienes bien ese culito? Si, ahora le molestó. Cogió el vaso con agilidad y le lanzó el resto encima con ímpetu. -Tranquilízate, no te molestes. Rió Glyn. -Esa mierda no te interesa. -¿No quieres saber quien lo hizo? -¿Acaso lo sabes? Quería evitar el tema, le estaba otorgando agresividad pero también interés. -Lo tienes al lado. Señaló Glyn alzando la barbilla. -¿Qué? Driu miró hacia el tímido chico quien se retiró enseguida de él. Sus rodillas le temblaban e intentó levantarse para huir entre la gente pero nada de eso, quedó paralizado allí sentado. -Estaba borracho, muy borracho. Se defendió Siobhan. -¿Tú me violaste? -Pensé que te gustaría. -¿Sabes como me pasé todo el puto verano por tu culpa? Algunas personas miraban hacia justo donde estaban pero gracias al alcohol nadie ponía la suficiente atención. -Me enamoré de ti. -¡Lo que te voy a linchar a palos, negro de mierda! -¿A que sienta bien saberlo? Estate tranquilo, Siobhan es un chico sano. Él te entregó su virginidad. Decía Glyn. -¿Tuviste algo que ver con esto? Preguntó Driu apretando su mandíbula. -¿A que ahora no te gustaría que nadie lo supiese? Se me descontroló esa noche un poco, si llego a tenerlo en cuenta ahora hubiesen circulado videos por todos lados. -Eres un hijo de puta. Driu pegó su frente con la del chico quien lleno de valentía le empujó hacia atrás. -No más que tú, Wemby. Driu se abalanzó hacia él y le propinó un cabezazo que lo dejó caer sobre aquella mesa. Ahora si que todos miraron, la atención fue llamada hacia más de la mitad de la sala. Se acarició la frente, dolorida, y lanzó una agresiva mirada hacia Siobhan que le hizo salir corriendo de allí. Mientras, el resto de sus amigos si que aprovechaban aquella noche. Allí estaba Norb dejándose restregar por la delantera de su amigo Jude a la vez que, de vez en cuando, ambos lanzaban una mirada furtiva hacia Nach. Estaba en la barra, observándolos con detenimiento. Y nada agradecido por lo que veía. -Está a punto de explotar de celos. Susurró Norb pegando su boca al oído de su amigo. -Y posiblemente nos salpique algo. Dijo Jude riendo. -¿Quieres besarme? Preguntó Norb rodeándolo con sus brazos por la cintura. -¿Por qué no? -Eso le irritará bastante. -Lo está haciendo. Decía Jude apartando la boca de vez en cuando. Nach no lo soportaba más. Estaba claro que lo había perdido. Le iba a costar reconocerlo pero era así. No había nada que pudiese hacer. Golpeó su vaso contra la barra y se deslizó sobre ella para pedir algo más. Intentaba evitar mirar pero le estaba comiendo por dentro, o lo hacía o reventaría. -Voy a hacer “Jaque Mate”. Jude sonrió de manera pícara y lo besó antes de alejarse. Se acercó a Nach observándolo antes de hablar. Justo a su lado. -Buena fiesta, ¡eh! Soltó con un pequeño golpecito en su codo. -Eso veo, muy entretenida. Nach le miró con repugnancia. -Norb es fantástico. -Lo sé, fue mi novio. -¡Que casualidad! Podríamos contarme sus secretitos en la cama, ¿Crees que le gustará que le lama las nalgas? -Escúchame maricona repugnante, no creas que esto es un simple juego. Si yo no voy a tener a Norb, nadie lo tendrá. -Cuanta agresividad. -Ya sabes. -En realidad no, y tampoco me interesa. Ahora si me disculpas, vamos a ir a su casa a terminar con este calentón. Dijo acariciándose con la mano abierta hasta la entrepierna. Jude se alejó mientras Norb observaba como parecía haber terminado con todo aquello. Fue toda una retirada victoriosa. -¿Ves? Todo hecho. Dijo Jude orgulloso. -Eres un profesional. Carcajeó Norb. -Y bueno…ahora estaba pensando-Dijo Jude abrazándolo por encima de los hombros-que ya podríamos acabar todo esto de una manera gloriosa. -¿Quieres decir sexo? Hizo la pregunta pero sabía que se refería perfectamente a ello. -Tengo mi casa libre. -Sí, ¿Por qué no? Mientras que cada uno parecía escoger aquella noche un camino para finalizar, Dan también lo escogía de manera discreta. Lejos de miradas acusadoras y en especial, lejos de Kathleen. Mariam y Dan, estaban nuevamente en un baño juntos y no era precisamente para usarlo adecuadamente. -No quiero usar condón. Jadeaba Dan mientras le quitaba la ropa. -Tienes que ponértelo. Decía Mariam besándole el cuello. -Venga ya, haz una excepción hoy. Mariam le miró por un momento a pesar de que él no paraba de toquetearla sensualmente por todo su cuerpo. Lo pensó y tras unas ligeras vueltas en su cabeza, decidió ceder. -Vale, sin condón. Contrólate al correrte. Exigió ella. -Lo haré. Justo a las puertas de ese baño, la gente se amontonaba en cola intentado entrar. Pero ellos se habían encargado de cerrar aquello para que nadie les interrumpiese. Driu apartaba a la gente del medio, parecía no sentirse nada bien. Se tambaleaba y no comprendía la razón. “Apenas he bebido” se dijo, era evidente que algo iba mal. Sintió algo caluroso bajo su nariz pero lo ignoró. Se apoyó sobre la pared al ver que el paso a aquellos baños era imposible. -¿Has visto a mi prima? ¿Has visto a Dan? ¿Está contigo? Era Kathleen atosigándole a preguntas. Le había girado de una manera tan brusca que lo giró completamente sobre sus talones. Parecía molestarle nada más el sonido de su voz. Se estremeció y la empujó atrás. -No, tia. A nadie. Déjame. -No estoy disfrutando de esta noche. Su tono de voz iba en incremento, aunque no por que no pudiesen oírse puesto que en aquella zona del local la música parecía no ser tan molesta y ruidosa como en el resto. -Me uno al club. Dijo Driu levantando la mano. -Emily no para de magrearse con su novio. Tu hermano es una zorra maricona desinteresada y he perdido la pista de Dan y mi prima hace más de media hora. -¿Crees que pueden estar juntos? -Eso sería terrible. Bufó. -Pues no te preocupes. Sus palabras parecían cada vez más y más débiles. -¿Y a ti que te pasa? ¿Estás borracho? ¡Oh dios!-Aquello sonó en alto-¡Te has metido coca! -No he hecho nada de eso, gilipollas. Solo que me siento extraño. Se abanicó con la mano aunque apenas sin fuerzas, desistió. -No lo niegues, te sangra la nariz. Driu se acarició y recordó aquel calor anteriormente sentido bajo su nariz. Era sangre, parecía llevar el suficiente tiempo sangrando para que manchase sus zapatos y su camiseta. -Joder. -No le diré nada a tu hermano, lo prometo. Si aun te queda-Kathleen se alzó de puntillas y miró alrededor-Pásame un poco, necesito relajarme. La cabeza de Driu pareció afirmar. Varias veces, se movía sola, hacia delante y atrás. De manera incontrolada. Hasta que le provocó un breve vomito que cayó sobre los pies de su amiga. -¡Ah! Gritó ella. Se distrajo mirando a lo que su amigo había vomitado ignorando que él ya estaba en el suelo. Su cuerpo se movía de manera compulsiva. Incontrolada. Su boca expulsaba vomito y su nariz no paraba de sangrar. Cameron apareció en aquel momento, se arrodilló a su lado al ver que su amiga parecía estar más interesada en el desastre que le había ocasionado aquella regurgitación sobre sus zapatos. -¡Llama a una ambulancia! Gritó. Fuera, ajeno a todo lo que le estaba sucediendo a su hermano, Norb se disponía a finalizar su noche de la manera más satisfactoria. Caminaban por la calle, en busca de algún vehículo. -Lo dejé por cerca de la entrada a la discoteca. Dijo Norb. -Pues estará ahí-Jude se refugió en sus propios brazos antes de mirar a cada lado de la calle y disponerse a cruzar la acera-Espero que este frío no me arrebate el calentón. -Eres un constante contenedor de obscenidades, Jude. Rió Norb. -Vamos ya, Norb. -Sí, claro. Norb avanzó a su lado agarrándole de la mano. Cruzaban la calle cuando un vehículo dobló la esquina con violencia, deslizándose por el asfalto y chirriando los neumáticos cuando lo hizo con rapidez. Parecía no tener control. Norb, atónito, se lanzó hacia atrás y pegó un grito ahogado que quedó en el aire. Las luces cegaron a Jude, estaba justo cruzando a la mitad cuando el vehículo se le echó encima. Embistió de tal manera con el cuerpo del chico que lo alzó en el aire por encima del capó y dejándolo caer sobre el duro asfalto. “Crack”. Es lo que se escuchó al caer el cuerpo del chico. Aquel vehículo azul no se detuvo ante nada, continuó su trayecto hasta el final de la calle y desapareció. Norb, asustado, miró a su alrededor y pidió ayuda. Nadie había visto nada, nadie estaba cerca entonces. Se arrodilló ante el cuerpo ensangrentado e intentó no tocarlo, no moverlo. Estaba aterrado.
Sábado noche, para muchos eran sinónimo de fiesta, diversión sin control, algo para recordar… pero estaba claro que muy a menudo aquellos días podían cambiar la vida de algunas personas. Una noche que sin duda muchos recordarían a pesar de que, aunque todos disfrutaban, alguien en particular ya se había encargado de darle fin. Alguien que había marcado ese día como algo gris, oscuro y sin valor. Había sido aceptado. -¿Cómo ha sucedido? Preguntó el oficial. Estaba completamente nervioso ante aquella situación. La celda era estrecha y los hombres, excepto dos, miraban desde fuera asombrados por el acontecimiento. -No lo sé, había llevado a su compañera a la enfermería cuando a la vuelta me he encontrado esto. El cuerpo de la chica estaba sobre el suelo, con una banda de color verde marino alrededor de su cuello. El pelo le cubría el rostro aunque a diferencia del resto del cuerpo parecía tener otro color. -Ha estado un breve tiempo a solas. No imaginaba…no había indicios que pudiese hacer algo así. Tartamudeaba, era su responsabilidad y aquella chica se había quitado la vida. -Avisa a sus familiares. -Hay algo más, señor-El oficial se hurgó en su chaqueta y sacó un sobre-Ha dejado escrito algo. Estaba sobre su cama. Un sobre. Fue lo único que dejó antes de quitarse la vida. Es lo que aquellos hombres decían. Un sobre donde la palabra “Justicia” estaba escrita con tinta como remitente. Lo estuvo pensando en escribir, Charlotte Abernathy creyó que hubiese sido divertido escribir aquellas palabras que se cruzaron en su mente antes de hacerlo pero prefirió abandonar la vida con ellas en la mente. Ya no habría futuro. Para nadie.
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4x04.2-“Somos como dos hermanas, yo soy la guapa y ella es…¿No es evidente?”
Mariam, nombre femenino de origen hebreo que significa “la elegida” “la amada” y por tanto una mujer que simboliza la fuerza en los momentos más bajos. Avariciosa, superficial y materialista. Mariam Janet Linklater era la mejor prima que Kathleen Gifford podría desear. Aunque nadie lo sabía, Kathleen recurrió a ella cuando Dan la violó por primera vez. Mariam, la apoyó y le dio fuerzas para que se enfrentase con coraje. Más tarde, fue ella su hombro para llorar desesperadamente y su confidente para desvelarle con naturalidad lo que había ocurrido con el accidente de aquella mujer. Sin dejar atrás, también la apoyó para que tuviese a su hijo y de esa manera, atar a Dan a su vida. No sin antes juzgar a todos sus amigos, uno por uno. Ella se había encargado de regir su camino creyendo que no había error ninguno en hacerlo. Aunque Mariam no estuvo nunca presente, fue como si todo aquello que su prima le había confiado lo hubiese vivido en primera persona. Hasta el día en que ella tuvo que recurrir a Kathleen para pedirle ayuda. Y sin duda, esta no se negó a prestarla. -¿Arruinada? Fue una palabra que resonó en todo el restaurante. Lo dijo de una manera tan escandalizada, algo que pareció incluso a dolerle. Pero así era Kathleen, su vida era el dinero y esa palabra era un tanto dolorosa. -Baja la voz, prima-Mariam parecía tranquila, se agitó su larga melena morena y rizada y se lamió los labios antes de coger su copa-No es para tanto, te tengo a ti. -Y te garantizo que no voy a fallarte. Dijo llena de confianza. -Genial, tengo mis maletas en el coche. Mi madre se irá a vivir con nuestra tía así que no habrá ningún problema. -Mi padre sabes que te aceptará en casa encantado. -Lo sé-Dijo Mariam echándose hacia atrás y abriendo sus ojos celestes-Y bien, ¿Qué se cuece por aquí? Me dijiste que ese Dan estaba fuera, ¿No? Quiero conocerlo, a todos ellos. -¿Qué? No voy a presentarte a Dan. Quizás a Driu, Norb y Emily. Te presentaría al italiano que he estado tirándome estos meses pero está en la cárcel. -¿Evan? Te van los rebeldes, eh. -De este no me lo esperaba, lo manejaba con tanta facilidad. -¿Y por qué ha ido a la cárcel? Preguntó Mariam con curiosidad. -Supuesto cómplice de asesinato. Sabía que esa Charly no ocultaba nada bueno, era demasiado rara. -La morena, ¿no? ¿La del hermano retraído? Señaló vagamente. -Si. -Genial, sé que esto no será como Nueva York pero disfrutaré estando por aquí. Kathleen sonrió tras aquel comentario. Parecía tan orgullosa de estar con alguien que se compenetraba tanto. A veces parecía incluso que no tenían que usar palabras para darse a saber entre ellas lo que pensaban. -Llévame a guarrear. Murmuró Mariam lanzando una extensa sonrisa. Nada más caer la noche, y tras avisar a sus amigos, empezó la verdadera bienvenida a la ciudad de Mariam Linklater. Aquellas luces que se movían con rapidez les hacían caer en un bucle epiléptico de sensaciones a la vez que la música retumbaba en sus oídos. Kathleen se paseaba entre todos manoseándoles sin timidez hasta llegar a donde sus amigos se situaban. Allí estaba Driu, con una cinta alrededor de su cabeza la cual daba la sensación de hacerle aun más despeinado, Norb, tranquilamente intentado hacer bailar a su amiga Emily, quien no paraba de reírse. Y Dan, quien jugueteaba con su amigo Driu y se mofaba de la gente que había a su alrededor con grandes carcajadas. Parecían un ambiente del cual estaban disfrutando. -Y las presentaciones-Gritó Kathleen-¡Os presento a mi prima Mariam, neoyorquina! -Que sensación tan extraña-Dijo ella fingiendo emoción-Es como si os conociese a todos, Kath me ha hablado tanto de vosotros. Se acercó a Dan y le dio un beso suavemente en la mejilla a la vez que frotaba discretamente su parte delante con la rodilla. Algo que no llamó la atención de Dan. Luego agarró del brazo a Driu, y le besó en la mejilla soltando un eufórico “Dios”. Se deslizó hasta Norb al cual abrazó y luego un mediocre “hola” que dedicó a Emily. Si, justo lo que ella quería. -Es muy guapa. Dijo Norb. -Si, lo es-Interrumpió Driu-Voy a por las bebidas, ¿Os traigo lo de siempre? -Sí. Dijo Kathleen. -Voy a acompañarle, él no conoce lo que bebo habitualmente. Su prima asintió. Mariam siguió al muchacho hasta la barra y allí le sorprendió apegándose a él por sorpresa. -Ginebra. Dijo. -¿Es lo que tomas? Preguntó Driu. -Así es. -Vale. Ella se deslizó por la barra de manera sensual y abriendo sus brazos a la vez que le acariciaba el codo. -¿Qué? Preguntó Driu mirándola con asombro al ver con lo que le rozaba. -Es un regalo. Alzó un poco la voz mientras que se lo introducía en el bolsillo. Una pequeña bolsita con una sustancia blanca. Lo suficientemente reconocible por Driu. -Que generosa. Dijo Driu con una sonrisa. -Eres mi héroe. Le susurró. Justo le habían servido su bebida así que aprovechó el momento para largarse de allí. Se mezcló entre la multitud mientras daba breves sorbos a su vaso. Observaba a todo el mundo, las luces le golpeaban en la cara pero no la distraía. Continuó por allí hasta tropezarse con alguien a propósito. Nada más hacerlo, le sonrió y le acarició el pecho. -Hola, soy Mariam. Dijo ella dándole dos besos de manera afectuosa. -Murray. Dijo el chico. Parecía no estar extrañado de que la gente se le acercase de manera aleatoria y le saludasen. Era alto, guapo y esbelto. Alguien por lo que muchas chicas matarían o en el caso de Mariam, pagarían. -¿Eres gay? Bueno espera-Dijo llevándose la mano a la cien de manera pensativa-no hace falta que contestes, sé que lo eres. -Que atrevida, ¿No? Dijo el chico acariciándola con la mirada. -¿Ves esto?-Preguntó ella alzando un billete que previamente se había sacado del escote-Son cincuenta-Lo rodeó colocándose atrás del chico y lo giró hacia donde ella deseaba-¿Ves aquel tio? Se llama Norb, ve y preséntate. Hazle tener una noche inolvidable. Si él habla de esta noche, obtendrás otros cincuenta. ¿Comprendes? -Por supuesto. Dijo el chico arrebatándole el billete. -¡Ah!-Lo detuvo antes de irse-Hazle saber que vas de mi parte. Quiero oír un “gracias”. Dijo con un guiño. -No te preocupes. Dijo el muchacho sonrientemente. -Siguiente. Se dijo a si misma. Parecía estar disfrutando de aquello.
Esa noche parecían estar todos disfrutando, sin duda parecía estar todo ambientado en los viejos tiempos donde cada uno se esparcía de manera independiente por aquel ruidoso lugar. Excepto para Kathleen, desde que su prima se había alejado de ella, no parecía estar disfrutando de aquella noche. -Está buena tu prima. Dijo Dan. Emily le miró y rió pero Kathleen ni siquiera se inmutó. -Parecéis llevaros muy bien, ¿no? Preguntó Emily con su dulce voz cruzándose de piernas sobre aquel inestable sofá de cuero rosado. -Es como mi hermana. -Y está buena. Repitió Dan con el mero objetivo de provocar a la chica. -Que te follen, Dan. Soltó Kathleen acompañando a aquellas palabras con un gesto obsceno con cierto dedo. -Le envidias. Es mucho más guapa que tú. Ojos azules, morena y alta. Incluso tiene más tetas que tú. -Y bien Emily, hace tiempo que no hablamos ¿A que te dedicas últimamente? Preguntó Kathleen ignorando las palabras de Dan. -Bueno, no es que hablemos demasiado. Nunca hemos mantenido una relación muy buena. Sonrió por lo bajo y agachó la cabeza. -Eh, eh, bonita-Dijo Kathleen chasqueando los dedos-Mírame, ahora si quiero hablar contigo. -¿Es esta vuestra forma de divertiros? Irrumpió Mariam de golpe allí donde estaban apartando a la gente de su camino de manera despreocupada. -¡Por fin!-Dijo Kathleen que se levantó de aquel horrible sofá de un salto-¿Dónde te habías metido? Llevo aquí casi una hora sola. -Conociendo el lugar, Kath. No te perturbes. -¿Andan por ahí Norb y Driu? Preguntó Dan. -Parecen estar divirtiéndose. Dijo Mariam señalando al azar entre la multitud. -Para variar. Agregó Emily. -Vamos a movernos, ¿No? ¿Es esto lo que quieres enseñarme de este funesto lugar? Mariam tiraba de su prima casi a rastras para hacerla mover de allí. -Está bien-Resopló Kathleen-Vamos a divertirnos. -Yo voy a echar una meada. Dijo Dan quien no pareció ser oído por nadie. Kathleen lo miró de reojo y nada más verlo alejarse de ellas, se quejó. Estaba deseando hacerlo. Quejarse. -¡Como coño se te ocurre dejarme a solas con él! Gritó. -¿Dan? No me parece tan terrible como dices. Además, estás también con Emily. Ella sonrió en aquel momento. -Pero es estar con una pared-Señaló-Debí haberles pedido a los chicos que no lo trajesen esta noche. -Está delante, un respeto, Kath. Sonrió Mariam fingiendo incomodidad. -No te preocupes, estoy acostumbrada a ella de esta forma. Dijo Emily sin preocupación. -Pero no me gusta que se te trate así, cariño. Mariam se le acercó y la rodeó con sus brazos. Algo que extrañó y desencajó la mirada de ambas chicas. -¿Qué haces, Mariam? Preguntó Kathleen. -Habéis compartido secretos, penes, momentos…¿No va siendo hora que hagáis una amistad de todo esto? -No creo que ninguna estemos demasiado interesadas en sacar algo de aquí. Dijo Kathleen. -En efecto. Añadió Emily soltándose de los brazos de Mariam. -Sé que te has debido de sentir muy sola tras la perdida de tu amigo Wemby, apartada de Driu cuando se portó de aquella manera, con miedo después de que aquel tipo…¿Cómo se llamaba?-Pensaba mientras chasqueaba los dedos y miraba al techo-Adolf, si, ese. -¿Cómo sabes tú todo eso? Preguntó Emily. -Mariam, ¿que coño haces? Kathleen parecía molesta, lo suficiente como para oír a sus dientes chirriar. -Relájate, no te agobies. Tírate ahí y lígate a cualquiera. Se te pasará. Empujó Mariam. -Vale, no me voy a amargar por ello-Dijo meneándose su melena-Pero cálmate, como alguien estos se enteren de que te he contado todo me quedo sola. -Nunca estarás sola, me tienes a mí. Murmuró Mariam. -Esto es muy raro. ¿Nos conocías de antes? Preguntó Emily. -A veces les hablé de vosotros, nada más. Kathleen intentaba apartar el asunto pero Emily parecía estar más intrigada aún tras saber que aquella desconocía conocía perfectamente su vida. -No te juzgaré por ello, Driu se mereció tu rechazo durante tanto tiempo. -¡Suficiente! Gritó Kathleen. -En fin, nada que no sepan los demás. Posó el vaso que sujetaba sobre una pequeña mesa cercana a los sofás mientras veía como Emily le seguía con la vista y se desperezó. -¿A dónde vas? -Al baño, no sabes con que rapidez se me llena la vejiga. Caminó entre empujones hacia los baños públicos del local. Allí la música se hacía menos perceptible y no parecía estar frecuentado por muchas personas. Aunque no sabía si era por que no asistía al correcto. Entró de manera discreta y cerró la puerta principal. Se quedó quieta durante un breve tiempo, como si esperase algo. Minutos después, un chico salió silbando de uno de los cubículos. Se trataba de Dan. -¡Hey!-Soltó con sorpresa al ver a la chica allí de pie-¿Qué haces ahí? Este baño es el de los tios. -¿Seguro? Preguntó ella mirándole con intensidad. -Sí, a no ser que yo me haya metido en el de las tias. Dijo él mirando alrededor. -Sería una lástima irme ahora a los otros baños-Dijo acercándose a él deslizando su mano por encima de los lavabos-Traía una idea muy concreta de lo que quería hacer en estos. Entonces sacó una pequeña bolsita, una hermana de la que ofreció a Driu con anterioridad, y se la lanzó. -Guay. Dijo Dan. Tras aquello, ella se lanzó para besarle. Le besó. Lo hizo de tal manera que le resultó natural. Le estuvo besando durante tanto tiempo que le hizo perder el aliento. Hasta que Dan le detuvo. -¿Qué dirá tu prima de esto? -No la veo por aquí cerca. -Pero… -Diré que tenía que darte mi regalo. Entonces le empujó, le siguió y cerró la puerta de aquel cuchitril tan poco higiénico. Se sentó sobre sus rodillas y continuó besándolo. Sí, Mariam había vivido casi toda su vida conociendo a aquellas personas y sin duda era algo que le había llevado a juzgarlas y etiquetarlas a su antojo. Por eso mismo, Mariam había decidido que ya era hora de que alguien pusiese a cada una de ellas…en su lugar.
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